15 de noviembre de 2015 00:00

La crisis fiscal

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Hernán Maldonado Palacios

En épocas de crisis fiscal del Estado ha sido frecuente el uso de los llamados “ajustes”, cuyo propósito es evitar gastos e inversiones innecesarias o mayor endeudamiento. Si no se da la crisis, no se evitan egresos que no tienen un resultado positivo para el desarrollo económico y social, entonces, surge la pregunta ¿Es necesario estar en crisis para acudir a los ajustes presupuestarios? No. Ni siquiera debe utilizarse la palabra “ajustes”, pues da la impresión de algo grave para la economía del país, y no es cierto, igual funciona, y quizás con mayor eficiencia al comprender las limitaciones de los ingresos fiscales.

Así por ejemplo, evitaríamos la exagerada cantidad de gastos de personal, contratación de cientos de asesores cuyo criterio incida o no en la “toma de decisiones” de los asesorados. La Asamblea Nacional bien podría disponer de un departamento de asesores de no más de 30 con título universitario y distribuidos por especializaciones: agricultura, industria, salud, educación, medioambiente, legislación, etc. La Directora General del Servicio de Rentas Internas ofrece “simplificar” los trámites relacionados con declaraciones y pagos de tributos de su competencia para incrementar la recaudación tributaria. Me parece una muy buena iniciativa; sin embargo, mientras no se haga una revisión profunda y minuciosa de la legislación tributaria que en el caso ecuatoriano es ya obsoleta, el problema se mantendrá y el incremento ofrecido será de poca significación.

En cuanto a las inversiones innecesarias como edificios públicos, vehículos, muebles y enseres, y otros de infraestructura para mantener a la burocracia a través de ministerios, institutos, secretarias, y en otras, realmente el egreso debe ser cero. Sobran instalaciones en muy buen estado. En su lugar y en menor cuantía debería utilizarse en programas que impulsen la producción nacional y el empleo. El presupuesto del Estado debe elaborarse con una permanente política de austeridad, y acostumbrarnos a que los ingresos sean siempre igual a los egresos, sin lugar al “déficit presupuestario”, por tanto, no habría necesidad de acudir a los “ajustes”.  Hernán Maldonado Palacios

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