8 de octubre de 2017 00:00

La corrupción y las pruebas

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Ernesto Vernaza Trujillo

No existe el delito de corrupción, (salvo la de menores) el ser dañado, torcido, perverso no es un delito como tal, simplemente no hay que ejercer esta propensión y nada pasa. Hay muchas personas corruptas que simplemente no han tenido la oportunidad de hacer daño.

El problema surge cuando un individuo con estas características llega al poder y ejerce un cargo público en un entorno de impunidad, entonces este mal que es sumamente contagioso se torna en una infección generalizada y letal para la sociedad. Por ello, la afirmación patética de “yo no soy corrupto” que escuchamos de ciertos funcionarios públicos no hay que verla necesariamente desde el punto de vista de no existir pruebas de su inconducta, sino más bien de cómo se ha desenvuelto social y familiarmente y sobre todo de cómo su entorno lo aprecia como nuevo rico sin justificación razonable.

El corrupto huele mal y su fétido olor causa desagrado en primer lugar a su familia, sus amigos, luego se viraliza. La esposa es la primera en enterarse, si sus valores morales están en modo de avión, se convierte en la primera cómplice, al disfrutar a veces haciendo gala del dinero mal habido. Antes estas personas eran repudiadas socialmente, ahora solo son despreciadas en nuestros fueros internos. En mi caso si mi esposa nota que comienzo a tener una fortuna mal habida me para en seco y es capaz de abandonarme.

En otro tema, frente a la repetición incesante y cansina de no existir pruebas contra Glas, algún entrevistador algo preparado debe indicarle que las pruebas son materiales, documentales, testimoniales y periciales.

Ninguna persona, salvo Glas, es capaz de declarar durante ocho horas sobre un delito que no cometió. El testimonio de tres personas en un juicio afirmando que vieron como Juan disparaba a Pedro, es suficiente para condenar a Juan, más aún si participaron en el delito.

A Jesús lo condenaron con pruebas testimoniales, en los juicios de Nüremberg las condenas fueron por pruebas testimoniales. No existe un solo documento que pruebe que Hitler mando a matar judíos, como las ordenes fueron verbales bien podría decir que no existen pruebas en su contra.

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