2 de noviembre de 2017 00:00

Conmemoración de los fieles difuntos

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Marco Antonio Argüello Ruiz

La Iglesia Católica desde el año 998, el 2 de noviembre conmemora el día de los fieles difuntos. El objetivo de esta celebración religiosa es orar por las almas de los fallecidos, en especial por aquellas que se encuentran expiando sus culpas en el purgatorio y que necesitan la intervención de los creyentes para alcanzar la salvación, tradición que en nuestro país podemos decir que se practica desde hace muchos años, en tiempo de nuestros aborígenes, de los Incas, de los españoles hasta nuestros días. Nuestros antepasados sacaban a los muertos para una comida comunitaria, inclusive en tiempos de los Incas; con la llegada de los españoles la Iglesia prohibió este ritual por considerarlo una profanación. Los indígenas continúan recordando el vínculo con los seres queridos por medio de tradiciones de toda índole: cantos, objetos queridos por el difunto, y sobre todo alimentos en los propios cementerios.

De estas tradiciones lo que más se destaca es la colada morada, hecha de harina de color que es característica de nuestro aborígenes hace unos 500 años o más y últimamente acompañada de la famosa guagua de pan. Me acuerdo que nos reuníamos en casa para degustar esta colada morada con las guaguas de pan, para luego acudir a la misa de difuntos y posteriormente en grupo llevar unas flores a las tumbas de los que se nos adelantaron y rezar unas oraciones por su descanso eterno. Eran famosos los responsos (oraciones) por los fieles difuntos que los sacerdotes ofrecían por el alma de los fallecidos, mientras los jóvenes aprovechábamos para ganarnos unos centavos por la “doblada de las campanas”, en memoria de cada difunto.

En Ecuador, como en otras partes del mundo, veneramos a nuestros difuntos, se continúa con la tradición de estas fechas de asistir al cementerio para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo, está acompañada de un profundo sentimiento de devoción, donde se tiene la convicción de que el ser querido que se marchó pasará a una mejor vida, sin ningún tipo de dolencia, si imploramos al Ser Supremo por el perdón de los fieles difuntos.

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