7 de December de 2012 00:00

Comunicación

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¿Cómo nos llevamos los ecuatorianos independientemente de quienes somos: hombres, mujeres, serranos, costeños, jóvenes, adultos, civiles, policías, jefes, empleados, conductores, peatones o algunas condiciones opuestas?

La verdad es que si no somos agresivos somos indiferentes. Por un misterio inexplicable e inexcusable de la sociedad nos hemos olvidado de la comunicación. Los demás no existen, viven con nosotros, trabajamos y compartimos juntos, nos miramos en las calles, en buses, en centros comerciales, en parques, pero somos absolutos desconocidos y así actuamos.

Nunca saludar o responder un saludo, peor conversar. Nunca mostrar simpatía, jamás ayudar. La palabra, que casi nació con nosotros y es nuestra mayor facultad, sirve para reclamar, regañar, criticar, ofender y no la utilizamos nunca, o casi nunca, de manera diferente. Por ejemplo para comunicarnos entre nosotros, por muy desconocidos que seamos, para mostrarnos cercanos y positivos. Es extraño que critiquemos a políticos por su falta de diálogo si nosotros somos iguales. ¿Quiere usted hablar conmigo? Siempre estoy dispuesto.

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