23 de septiembre de 2015 00:00

Una ciudad escondida

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Nicanor V. Fabara Núñez

Hace muchísimos años, un Alcalde de Quito, con enorme visión ordenó que la Ciudad, especialmente las casas del Centro Histórico, debían ser pintadas de blanco y sus ventanas de azul añil. Sus ciudadanos obedecieron y la Ciudad adquirió un sello de calidad extraordinario; especialmente el Centro Histórico. Claro que eran otros tiempos, los quiteños éramos dueños de nuestra Ciudad y no habíamos sido invadidos por una migración interna incontenible.

Han pasado los años, nuestra Alcaldía dejó de ser comandada por ilustres ciudadanos, quiteños o no, y por Ley, pasó a ser comandada por huestes provenientes de los partidos políticos. ¡Qué cambio! Dejó de interesar el desarrollo de la Ciudad y comenzó a primar otra clase de intereses, que van en opuesta corriente del desarrollo ordenado de una Ciudad, pues priman los más primitivos intereses de las clases políticas.

Este, más otros antecedentes propios de una desordenada administración municipal, han sido las causas principales para que suframos lo que hoy, poco a poco, está acabando con nuestra Ciudad.

Miremos como hemos permitido que esté cubierta con toda clase, tamaño y color de rótulos de mal gusto, promocionando toda clase de artículos comerciales y eventos de buen y mal gusto; en otras palabras, el desorden reina y nuestra ciudad fenece escondida tras latas y trapos de toda naturaleza; dirán que exagero, les invito a poner atención cuando recorren la Avenida Diez de Agosto o a lo largo de la Avenida Occidental. Un conocido colega extranjero me preguntaba en una de sus visitas: ¿Porqué Uds. se empeñan en esconder su bella Ciudad? Y realmente no hay respuesta a tan franca pregunta.

Las ordenanzas respectivas si existen; a lo mejor merezcan una actualización, lo que no existe es su exigente aplicación y supervisión, es más fácil y productivo acordar con los interesados; obviamente en detrimento de los intereses de la Ciudad. La supervisión municipal, prácticamente no existe; es penoso admitir que en la Capital de la República, en cuanto a rótulos se refiere, todo el mundo hace lo que le viene en gana.

Hace algunos años, con mucha razón, el Municipio prohibió en el Centro Histórico y en toda la Ciudad, los rótulos en bandera; vaya Ud. a ver lo que ha acontecido; póngale un poco de atención, estimado lector, y llegaremos al mismo criterio: la Ciudad está cada día más escondida tras horribles rótulos.

Es muy fácil criticar y no ofrecer soluciones; señor Alcalde, la Ciudad es de todos y el bien común debe ser el prioritario, ponga en remojo las ordenanzas sobre rotulación, ordene su drástica aplicación y ya verá como la Ciudad con solo este simple hecho, pero difícil de aplicar por los mezquinos intereses en los que está envuelto, cambia de aspecto y obviamente, recupera su hermosura.

No está por demás señalar y recalcar que uno de los principales depredadores y causantes de la polución visual de la Ciudad es el propio municipio con la enorme cantidad de rotulación ineficientemente colocada y con frecuencia en plena contradicción. Comencemos por ordenar la rotulación municipal y policial y ya veremos que buenos resultados logramos.

Dejemos de pensar en la Ciudad como un trofeo político, sintamos orgullo por servirla, entendamos que el funcionario municipal es un servidor de la ciudad y su Alcalde y Concejales son los administradores de la Ilustre Ciudad de San francisco de Quito, Patrimonio de la Humanidad.

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