11 de febrero de 2017 00:00

No más simplistas ni generalizadores

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José M. Jalil Haas

Lo que caracteriza a una mente bien formada, con educación adecuada, con conocimientos académicos debidamente procesados, es la capacidad de discernir entre los diferentes tipos de seres humanos, especialmente cuando ejercen poder.

Cuando una persona es capaz de este discernimiento, sus pronunciamientos, actuaciones y las políticas que emanen como autoridad, necesariamente tendrán justicia, proporcionalidad y equidad. Las personas que consideran que su verdad es la verdad, no están en posibilidad de actuar de la manera que describo anteriormente.

Cuando buscamos igualdad, no es apropiado calificar a la misma de manera indiscriminada. Este calificativo de la igualdad solamente puede ser producto de un dogmatismo, y por naturaleza los dogmatismos no aceptan diversidad de pensamiento, y por lo tanto demuestran sesgos fanáticos, que como es claro, jamás se pueden producir en mentalidades cultas.

Generalizar para emitir leyes es propio de fanáticos y de conceptos limitados. Por ejemplo, no necesariamente todos los ricos son pillos o delincuentes. Solamente los consideran así los resentidos y revanchistas, otro concepto que no se puede alejar en mentes cultas. Si en un gobierno, aparece por allí un delincuente, tampoco sería correcto concluir que todos los que hacen ese gobierno son delincuentes.

Cuando una mente trata de ser simplista, en todo, demuestra una clara falta de capacidad de razonamiento. Una cosa es encontrar soluciones sencillas y otra diferente es ser simplista. Un simplista, por ejemplo, es aquel que alardea de logros, arguyendo cosas evidentes y obvias.

Cerca de las elecciones, debemos buscar candidatos que no caigan en los conceptos antes mencionados: esos son los primeros que buscarán o auspiciarán colaboradores de las mismas características. No queremos más fiscales incapaces de abrir una indagación de oficio cuando los hechos son claros y lo reclaman, no queremos más asambleístas que hagan pininos mentales para defender ideas ajenas, ideas impuestas.

Queremos personas pensantes, independientes, que contribuyan con ideas diferentes que perfeccionen las ideas propuestas por alguien más. Tramitar ideas ajenas, sin contribución, no es procesar, es como un tubo que transporta el agua, no contribuye en nada.

El Ecuador requiere de la contribución de sus pobladores, no de la imposición de un grupito de personas que no tiene las herramientas para evitar la corrupción, que inunda de mediocridad y de desconocimiento, que impone ideas personales.

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