29 de diciembre de 2015 00:00

La crisis del país y su origen 

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Luis Alberto Zamora D.

A no dudar: las estrategias del Gobierno de la ‘revolución ciudadana’ siguen dando resultados.
Distinguidas personalidades del mundo académico y del análisis político y periodístico del país siguen enclaustrando la crisis que vive nuestra sociedad ecuatoriana en términos de carácter económico.

Seguir insistiendo en que las movilizaciones ciudadanas del 2015 obedecen a las pretendidas leyes de Herencia y Plusvalía es un insulto para la gran mayoría de ecuatorianos, que por mucho tiempo no poseyó una gran cultura política, pero que gracias a las experiencias que ha vivido bajo el poder represivo, abusivo, prepotente y errático de nuestros actuales gobernantes, ha terminado desarrollando conceptos de democracia, libre expresión, libertad de opinión, derechos humanos, independencia de poderes, alternancia y más valores propios de la época por las que transita la humanidad.

Reducir la crisis social a los problemas económicos que estamos viviendo es caer en la trampa que el Gobierno nos tiende, y darles posibilidad de excusarse por influencias externas.
Desviando nuestra atención de la manera en que le conviene al Gobierno, este logra seguir con sus velados atropellos, arbitrariedades, y desafueros, lo que nos está pasando una factura mucho más costosa, sumiéndonos en una recesión que afecta principalmente a la clase media, motor que con su trabajo, dinamismo y consumo logra mantener un sistema sano de desarrollo nacional.

La crisis tiene su origen en una ideología contraria a las libertades individuales y colectivas, al sectarismo, a la anulación de la participación de la ciudadanía en las decisiones más importantes para nuestro país, a una ideología retrógrada que ha visto a la actividad privada como enemiga de un desarrollo equitativo, a un desmedido gasto público, al dispendio progresivo y la falta de fondos de contingencia, etc.
No, señores, el problema no es solo económico, el problema es más profundo. Es el irrespeto a los valores democráticos que constituyen la base de una sociedad progresiva, justa y equitativa, bajo el imperio de la libertad.

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