8 de abril de 2017 00:00

Mi estimado alcalde

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Fernando Esparza Dávalos

Yo soy un ente, de los miles que pueden grabar su nombre en letras de oro para proclamar a Jaime Nebot Saadi en la historia de la patria como un político eficaz, eficiente, digno. Lo hecho por usted en Guayaquil, es plausible. Con justo derecho el Partido Social Cristiano lo elevó a la categoría de Presidenciable por sus sobrados méritos. En la vida personal, familiar, íntima, que cada uno tenemos, ahí verdaderamente sabemos, quienes somos y lo que valemos y usted tiene para estar seguro. Usted, no solo una vez, sino varias nos ha contagiado su sonrisa, su valentía, que no solo ha rodado en la bandera blanco azul de nuestro puerto, sino que nos ha dado orgullo y ha cobijado a la patria con su palabra libre y responsable, ante los atropellos, todos estábamos con Nebot y contra la tiranía de un régimen que subió con piel de cordero limpio y sano, usted era el líder de nuestros corazones. Usted está ya, en la historia de Guayaquil y tiene todo el derecho para estar con letras mayúsculas en la historia de nuestro pueblo, que reconoce ahora más que nunca de las virtudes de un líder. En esta última contienda electoral avisoré su sabia y contundente estrategia para apoyar a su pueblo, a este pueblo que encausado bajo la égida brillante de los sanos y astutos políticos había llevado de tal manera el tablero de ajedrez para catapultarlo a Guillermo Lasso, hombre trabajador y respetable que igual que Febres Cordero, sacrificaba el bien de la empresa privada para hacer la dura conscripción pública que no es para nada envidiable. Yo como ser que tengo afecto por su obra y su persona, le convido a que apoye y defienda su ideología que tiene muestras de trabajo y bien, del Carchi al Macará, eso sembró el PSC y es innegable, por eso le convido a que defienda a este su pueblo, que reclama con justicia y dignidad, cambio de rumbo, para consolidar una administración libre y eficiente, no queremos vernos reflejados en los países donde la sevicia ha sepultado a la esperanza. Usted puede alzar esa bandera del bien de la patria, porque demostró con acierto, la recuperación de una ciudad perdida, de un puerto maravilloso, eso queremos para el Ecuador entero. Por eso le convido, que levante su mano con gloria y ponga un basta a la ignominia que quiere asolar a nuestra patria.

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