25 de diciembre de 2017 00:00

El libro de Rodrigo Paz

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Bolívar Gonzalo Brito Santos

Por obsequio de mi hija Patricia tengo en mis manos y he leído de corrido el interesante libro de Rodrigo Paz “En la vida hay que saber reírse” y a través de sus 184 páginas nos deleitamos de una amena y sugestiva lectura, matizada con fotografías de familiares y allegados de su entorno.

Nos permite adentrarnos en su singular personalidad transcurrida en el campo empresarial, deportivo y a regañadientes en lo político, siempre supo salir avante sin que hayan faltado las peripecias propias de sus actividades como hombre público. Muchas son las anécdotas que vale la pena referir para que el lector se haga una idea de su real valía en su largo trajinar. Así refiere que un suceso muy doloroso que marcó su vida fue el accidente aéreo en el que fallecieron su primera esposa y sus dos hijos. Al hablar de su educación dice que pasó por el preparatorio de La Salle, en donde estaba a gusto. “Mi madre era muy católica, mi padre no, por su ancestro liberal antagónico de los curas.

Así que mi madre habló en el Colegio para que yo no fuera a misa de las siete de la mañana y aceptaron. El día de la premiación no me dieron ningún premio. Mamá fue a preguntar ¿por qué? Y dijeron “porque no ha venido a misa”, mamá entró en cólera y le pegó al cura”. Luego pasó al Colegio Americano, fundado por Galo Plaza, en donde se graduó. Pero mi papá que no había pasado la secundaria quería tener como todo el mundo un hijo profesional; le hice caso y me metí en leyes, en la Universidad Central. Ni yo mismo sé cómo pasé el examen porque no sabía nada de leyes, nunca había estudiado Filosofía “no sé cómo entré, pero entré”. “Ahí me hice de grandes amigos que nos mantenemos, Jorge Rivadeneira, Blasco Peñaherrera, Armando Pareja, Patricio Maldonado, César Valdivieso, Fuad Misle.

Era un buen grupo, pero la verdad es que las leyes y yo no andábamos de la misma mano. Me aburría soberanamente a pesar de algunos buenos, muy buenos profesores, Francisco Pérez, de Código, que era excepcional, hasta hacia que me guste, o Rafael García Velasco, de Historia Contemporánea y Ricardo Cornejo, “pero siempre pasaba raspando”. Como buen aficionado al baile refiere que estaba de moda el Mambo, con Pérez Prado como el Chachachá, el Merengue y el Rock and roll. A mí me ha fascinado siempre la música especialmente tropical por la influencia de mi madre”. Para hacer alarde de su buena salud, confiesa que en sus buenos tiempos gozaba de buen apetito y se comía diez llapingachos y seis cebiches cuando iba con el equipo a Manabí. Sobre su amistad con Luis Ch. ex presidente de la FEF: “yo estaba bronqueado (...) y sale con un pocotón de gente, me ve y se acerca, estaba con el Esteban y le dije, hay que tener cuidado “Rodrigo un abrazo” le dije “yo con ladrones no saludo”, se quedó con eso, no ha podido sacarse eso de ladrón.

Sería largo seguir con la narración del libro pero vasta repetir lo que decía un amigo “con Rodrigo Paz, por su honestidad el Ecuador sería un país próspero y desarrollado” Paz, afirma: Al hombre que le gusta leer nunca se aburre y yo no me aburro jamás. Vale la pena destacar su exitoso paso por la alcaldía de Quito, reconocido por la ciudadanía. “Es el papá Oso” para sus queridos nietos.

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