1 de julio de 2017 00:00

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José M. Jall Haas

Sinceramente, el que nada debe, pues nada teme. Esta expresión encierra una verdad y gran sabiduría popular.

Cuando se le solicita a alguien que aclare sus actuaciones, sean del tipo que fuere, si esta ha sido transparente, no debería tener inconveniente en presentarse. Estas aclaraciones deben ser orientadas hacia los puntos neurálgicos y a las dudas que le plantean los solicitantes. Cuando se arma un espectáculo tendiente a lanzar sombras sobre las dudas que plantea la sociedad, lo único que se consigue es que se acrecienten las sospechas que al principio eran solamente dudas.

Lo ocurrido con el Vicepresidente de la República en la Asamblea es una demostración clara de querer armar un show mediático, con mucho ruido y pocas nueces. No sé quién aconseja a las autoridades de la Asamblea, pero siento que generan más dudas sobre la responsabilidad del Vicepresidente en sus actividades, antes que absolverlas.

El pueblo siente que hay un afán desmedido por tratar de tirar tierra a un asunto que ha generado muchas inquietudes. Todos hemos escuchado al Vicepresidente afirmar que él es inocente, pero hay una insistencia un tanto insistente sobre el tema que no hay pruebas para acusarlo. Tanto los asambleístas oficiales como el mismo Vicepresidente insisten de manera reiterada en el tema de las pruebas.

Mientras más insistan en esto, mayores dudas se generan, pues el pedir a gritos pruebas, sinceramente apunta a que la falta se cometió, pero que se hizo sin dejar pruebas. Yo no tengo ninguna certeza sobre la participación directa del Vicepresidente en actos de corrupción, pero es cierto que existen indicios que deben ser clarificados de manera contundente. 

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