13 de julio de 2016 00:00

Aclaración a una carta

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Roberto Aspiazu Estrada

En la sección Cartas a la Dirección de la edición de El Comercio de 6 de julio, aparece una carta suscrita por el Ministro Coordinador de Política Económica, Patricio Rivera, en respuesta a un editorial de Mauricio Pozo titulada: “Amnesia selectiva y error conceptual”, donde para justificar la desatinada y fracasada política pública de la que es responsable, se permite formular un revisionismo histórico que involucra antojadizamente a mi bisabuelo Lautaro Aspiazu Sedeño, que requiere de aclaración en aras a su buen nombre, más aun estando muerto hace 90 años.

Dice la carta de marras en la cita pertinente: “Lo anecdótico es recordar que en la Crisis Bancaria de los 20’s participó activamente Lautaro Aspiazu, Vicepresidente del Banco Comercial Agrícola y en la de los 90’s su nieto Fernando Aspiazu del Banco del Progreso”.

No me corresponde la aclaración de la historia reciente que es mejor conocida, pero sí la que se remonta a tiempo atrás, a fin de desmentir un juicio de valor que pretende acomodar el pasado a la conveniencia del presente, para seguir sosteniendo que la actual crisis no existe y que es una invención malintencionada de analistas como el economista Pozo.

En lo pertinente, destacar que Aspiazu Sedeño fue el principal productor de cacao del país y uno de los mayores exportadores, a fines del siglo XIX principio del XX, siendo por tanto uno de los propulsores del boom que transformó y modernizó el Ecuador de la época.

Como empresario promovió las primeras empresas de electricidad, teléfonos y transporte público en Guayaquil. Entre sus múltiples actividades, tuvo inversiones en el sector financiero y bancario, siendo cofundador del Banco La Previsora y en algún momento vicepresidente del Banco Comercial Agrícola; pero jamás fue administrador bancario como se afirma infundadamente en menoscabo de su memoria.

Amigo y partidario de Eloy Alfaro apoyó entusiasta el pronunciamiento del 5 de junio de 1895, contribuyendo, junto a otros guayaquileños, al financiamiento del ejército rebelde que triunfó en los campos de Gatazo.

Llegó a ser gobernador del Guayas, por entonces el segundo cargo de importancia política en el país, de modo que fue un respetable actor de la Revolución Liberal, que supuestamente es el modelo histórico del actual Gobierno. Además desempeñó honrosos cargos de ámbito privado como Director de la Junta de Beneficencia y Presidente del Club de la Unión, con el beneplácito de sus conciudadanos.

Sin extender la aclaración, recordar que el principal motivo para la liquidación del Banco Comercial y Agrícola, a raíz de la Revolución Juliana de 1925, fueron los empréstitos forzosos que los regímenes de turno le impusieron a modo de emisión inorgánica, sin el correspondiente respaldo de activos.

Una lección que en dolarización puede ser útil en momentos que la actual Administración se empeña en incentivar el uso del dinero electrónico, con las cuentas del balance de la reserva monetaria en rojo. Y con un creciente endeudamiento de títulos emitidos por Banco Central, que hace añorar los tiempos de la impresión soberana.

La historia se escribe en el escenario de la mayor crisis económica del siglo XXI es lo que más debe preocupar al ministro Rivera, porque sus acciones u omisiones algún día quedarán sujetas a rendición de cuentas. Entonces estará expuesto al escarnio de alusiones, estas sí, fundadas.  

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