3 de May de 2013 00:42

Carta de Fander Falconí

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La edición de Diario EL COMERCIO, de este martes 30 de abril, trajo consigo una columna de opinión de Bernardo Acosta, publicada bajo el título "La guanta sueña que es jaguar". Al respecto, son necesarias algunas precisiones para evitar la desinformación a los lectores.

Por si no conoce el editorialista de EL COMERCIO lo que es un jaguar, y, sobre todo, lo que significa esa figura comparativa usada, de manera espontánea, por el viceministro de Cooperación Económica y Desarrollo alemán, Hans Jürgen Beerfeltz, el 21 de febrero de este año, creo que es conveniente hacer un breve recuento. Es comprensible que quien está atrapado en una cámara -y una vez por semana en el laberinto de cuatro paredes de una empresa de comunicación- quiera, a cualquier costo, degradar o burlarse de esa creativa comparación realizada por el referido funcionario.

El jaguar es un animal libre, que no está atado a ningún poste, y tampoco encarcelado en una jaula creada por los grandes poderes económicos internacionales y sus respectivos organismos de sumisión. Su instinto, astucia y su capacidad de sobrevivencia lo convirtieron en un animal venerado por pueblos amazónicos y mesoamericanos, cuya espiritualidad estuvo siempre unida a la naturaleza, al buen vivir. El jaguar es por esencia un cazador muy hábil, ágil y valiente, cuya imagen hoy puede crear nuevos símbolos en cualquier momento o lugar en el mundo, siempre y cuando haya personas que tengan inteligencia para comprenderlos e interpretarlos. Por cierto, la guanta es una animal muy apreciado por los habitantes amazónicos.

¿Por qué el Viceministro alemán hizo esa comparación? Por muchas razones. A diferencia de lo que acontecía en el Ecuador antes del 2007, cuando la venta del país se llamaba inversión extranjera directa, y el crecimiento económico era concentrador y excluyente, porque estaban atados a un modelo que beneficiaba al capital por sobre el ser humano, ahora el país tiene una economía robusta que mejora las condiciones de vida de su población.

Al fin tenemos políticas públicas socialmente exitosas, reconocidas, entre otros organismos, por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Ecuador crece y redistribuye su riqueza a la población, lo cual refleja en la caída de la pobreza y la inequidad. El promedio de crecimiento de su economía en el período 2007-2012 (4,3%) es superior al promedio de América Latina y el Caribe (3,6%). Este crecimiento económico se produjo pese a la crisis internacional. En Ecuador, el empleo aumenta: tenemos la tasa de desempleo más baja de Sudamérica, con el 4,3%. No nos gustan las comparaciones odiosas, pero vale recordar que el desempleo en el caso de España llega al 27%, y los desempleados jóvenes llegan al 56% de la población económicamente activa.

Ciertamente, es un logro del país contar con la más alta inversión pública -lo dice la Cepal- en relación al tamaño de la economía en América Latina: 14% en relación al PIB, más aún cuando estos recursos hoy se canalizan a la construcción de capacidades humanas e infraestructura productiva.

Utilizar el artificio de los tigres asiáticos, a más de desconocer el origen de la frase del jaguar, es desconocer que Ecuador se ha convertido en un referente internacional, impulsando su modelo del buen vivir, concebido y desarrollado desde nuestra identidad, realidad y esfuerzos. La estrategia de desarrollo ecuatoriana ha sido pensada con cabeza propia y recreada en nuestro contexto cultural e histórico latinoamericano. No creemos en modelos enlatados. No queremos emular a ningún país.

El lamentable que haya ecuatorianos que por defender intereses cicateros se vuelvan ciegos ante la realidad e intenten acomodarla a ellos.

Fander Falconí Secretario Nacional de Planificación y Desarrollo

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