8 de noviembre de 2017 00:00

¡Basta ya!

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María Isabel Holguín S.

Existen situaciones que deben ser de conocimiento público y expuestas a la comunidad que no deberíamos callar, pretendiendo al menos que la vergüenza recaiga sobre quienes manejan irresponsablemente centros de salud privados y con ello la vida de seres humanos.

El sacristán de la parroquia de San Pedro de Cumbayá, fue penosamente asaltado el jueves en el sector de Lumbisí.

Múltiples contusiones recibió su cuerpo, hirieron su cabeza golpeándolo con un casco de motocicleta, una gran abertura es visible en su frente, su rostro refleja un párpado hinchado y deforme, un pómulo morado, un ojo inyectado, etc., etc.

Fue trasladado por su esposa a un hospital privado del sector por su cercanía. Ingresó al área de emergencia, presentó sus documentos y justo antes de acostarse en la camilla… lo detienen y lo retiran de área diciendo que tiene seguro del IESS y que no puede ser atendido.

La indignación por el irrespeto a la vida “no tiene nombre”, no es ignorancia señores, porque bien sabe una entidad de salud, legalmente las consecuencias que esto conlleva. Antecedentes parecidos ya conocemos, sin embargo en esta ocasión no les importó. Malos ejemplos, malas prácticas, historia que debería hacernos reflexionar en una conducta apropiada, no han servido de nada. ¡Lamentable!

Denuncio lo incorrecto, un mal proceder de una entidad privada estructurada para atender las deficiencias de salud para la cual está acreditada. Su obligación es atender con esmero, respeto, como todo ser humano merece en toda casa de salud.

Denuncio la actitud de los empleados de turno y sus dirigentes, quienes ningún esfuerzo realizaron por atender y acoger a un ser humano ensangrentado ni con el más mínimo apoyo de una camilla para sostener su cuerpo agarrotado. Denuncio por no haber limpiado sus heridas. Denuncio la falta de una mínima y elemental valoración médica profesional que fue excluida de la obligatoria y primaria rutina, no se diga de un pedido u orden para realizar una placa simple de rayos X, descartando fracturas en su cráneo, para luego en ese momento si, dependiendo de su estado de salud, dar la orden de traslado o transferencia a una casa pública asistencial donde ahí sí puede ser aplicado el seguro correspondiente IESS.

¿Ignorancia? No, no es ignorancia, es una falta de actitud de respuesta y no debemos callar frente a tales hechos indolentes. ¿Qué va a suceder me pregunto? Espero que por bien de la comunidad de Cumbayá, Tumbaco y sus alrededores, tengamos respeto, seamos justos, menos tolerantes con estas atrocidades. Espero una policía alerta y vigilante, que el hospital estratégicamente ubicado cumpla la función para la que fue construido, se retire a las personas y dirigentes ineptos.  

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