15 de agosto de 2016 00:00

La Basílica del Voto Nacional

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Ximena Escudero Albornoz

En la Sección “Quito” del Diario El Comercio, se lee: “Iglesia Basílica del Voto Nacional” ¡qué gran error! El título debe ser Basílica del Voto Nacional. El uso de la terminología correcta es primordial para ofrecer una información adecuada; añadiendo que debe ser también evitada la calificación dogmática de un edificio.

Arquitectónicamente tanto basílica que sirve para calificar al “templo cristiano de proporciones alargadas que suele tener tres naves y un ábside”, como iglesia cuyo significado es “templo cristiano”, son palabras sinónimas; los dos vocablos se emplean para nombrar a un recinto piadoso de cruz latina (planta rectangular), en el que se reúne la feligresía para la práctica del culto externo católico (misas, rezos, etc.).

Escribir juntos los sustantivos “iglesia basílica” es un equívoco; inclusive cuando se toma en cuenta otras acepciones (RAE) que definen a basílica “iglesia que goza de ciertos privilegios”, o a iglesia como “congregación de fieles cristianos”; que no aluden al presente caso. En el arte constructivo, las dos expresiones significan lo mismo.

Más aún en Quito, ciudad que empezó su andadura artístico/religiosa a partir del siglo XVI. 
Se transcribe –para un mejor conocimiento del edificio- un análisis histórico/estético de la basílica del Voto Nacional, libre de valoración apostólica: “[…] Desde cualquier ángulo se ve un templo que atrae la inmediata atención, pero no por su gracia sino por su descomunal tamaño pues rompe con la armonía de las iglesias levantadas en el casco antiguo desde el siglo XVI hasta el XIX que cautivan por sus proporciones humanas, es el edificio de la basílica del Voto Nacional (1892-1909) resultado mal ejecutado del historicismo arquitectónico. 


Las dos torres gemelas de inusitadas proporciones en relación al frontis y al resto del conjunto construido, deforman los principios estéticos del neogótico, puesto que sus pináculos no alcanzan la altura apropiada, ya que el diseño (Tarlier, francés) fue pensado para erigirla en la Alameda, sitio en el hubiera podido lucir un amplio atrio […] (X. Escudero, 2007).

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