4 de octubre de 2015 00:00

Ateos respetables

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Enrique García-Herreros

El domingo 27 de septiembre, dos distinguidos y respetables ciudadanos, como son los señores Pablo Santiago Jarrín Valladares y Carlos Toledo Luque, en cartas dirigidas a EL COMERCIO, manifiestan que “ser ateo es estar en una posición legitima, honesta y valiente”. Tal aserto es válido, cierto y respetabilísimo. Algo más, es un derecho que concede la Constitución de este gran país de paz y libertad.

La mayoría de los ateos posee una condición moral paradigmática. Ellos, a través de la historia, han demostrado ser capaces de grandes logros, en bien de la humanidad. Dejemos, pues, esa costumbre trasnochada y anticristiana del discrimen contra ellos. Abandonemos ese vano intento de querer sacarles a nuestros hermanos ateos las pajas que tienen en sus ojos, sin ver las vigas que tenemos en los nuestros.

Si somos honestos, debemos reconocer que la mayoría de católicos somos los fariseos del siglo XXI. Al igual que los del siglo I, tenemos a Dios en la boca pero muy lejos de nuestro corazón. Asistimos a la misa con un tapón en los oídos y poco o nada, nos interesa lo que diga el cura.

La verdad es que muchos párrocos “dicen sermones sosos que no son reflejo fiel de la palabra de Dios”, tal como lo asevera monseñor Julio Parrilla. Pastor honesto, valiente y diáfano, que llama al pan, pan, y al vino, vino. Y no olvidemos que los ateos también entrarán en el Reino de Dios, porque la misericordia de Él es tan grande, que no cabe en el Universo entero.

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