14 de junio de 2014 17:40

¿Que aprenda qué?

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María Elena Ortiz

Se acerca el fin del año escolar. Algunos niños y jóvenes dan “patadas de ahogado” en su intento por pasar el año sin quedarse en supletorios.

Algunos padres confiaron en que sus vástagos reaccionarían luego de reprenderles y/o explicarles la importancia de la responsabilidad para forjar su futuro, y/o darles un sermón en el que recalcaron, por ejemplo, su gran inteligencia y el esfuerzo paterno para que sean “alguien en la vida”. En algunos casos estas tácticas surtieron efecto; en otros, no. Habrá profesores, directores e incluso psicólogos que crean que es mejor no darles ninguna oportunidad y que “se queden nomás, pues será una lección para que aprendan a ser responsables”. Desdeñan y subestiman lo que subyace tras la aparente “vagancia”; permanecen en los ángulos de su mundo cuadrado-adulto e ignoran lo puede ser un síntoma de una realidad emocional relegada. En vez de apoyar, hunden; en vez de comprender, etiquetan; en vez de confiar, juzgan... ¡Cuánto dolor se podría evitar con más empatía, con más amor, con intervenciones eficaces y oportunas en casa y en las instituciones educativas!

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