18 de abril de 2017 00:00

Antecesora de la megabomba y campos experimentales

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Enrique F. Suárez Salazar

Antecesora de la megabomba y campos experimentales
Sobre la base de recientes noticias de una acción bélica del ejército estadounidense en territorio afgano y el editorial del día sábado 15 de abril de 2017 “La megabomba estalló” publicadas por diario EL COMERCIO, así como información sobre la existencia de artefactos explosivos de alto poder y no nucleares en posesión de los EE.UU. y otros que posee Rusia que son aún más letales, lo cual ha sido reseñado por el mismo medio en su edición electrónica, es pertinente recordar, según nos describe el autor español Jesús Hernández en su obra “Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial”, el desarrollo y utilización de otro artefacto mortífero de similares características que bien puede ser considerado como antecesor de la llamada megabomba.

En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, nos refiere el señor Hernández, la fuerza aérea británica diseñó una bomba para atacar objetivos estratégicos, tales como búnkeres blindados, puentes y túneles ferroviarios. Esta bomba, medía casi nueve metros de longitud por casi más de un metro de ancho y pesaba aproximadamente diez toneladas.

La bomba fue conocida como la “Grand Slam” o como “bomba terremoto”, pues podía penetrar cuarenta metros bajo tierra causando un efecto parecido a un seísmo. Fue considerada la bomba más pesada construida hasta esa fecha. Por sus características, está demás suponer su alto costo de producción, su compleja fabricación y su difícil transporte aéreo (solo un avión podía llevarla).

Por otro lado, como lo ha expresado un expresidente de Afganistán, respecto del uso equivocado, inhumano y más brutal del país como terreno de pruebas para nuevas y peligrosa armas, no me parece una coincidencia que las dos potencias hegemónicas poseedoras de estas bombas (otras potencias también deben tenerlas en sus arsenales) y que se involucraron a mediados del siglo pasado en cuestionables, desacertadas, desastrosas y abusivas intervenciones bélicas en el sudeste de Asia y en el mismo Afganistán, hayan utilizado esos conflictos y los territorios intervenidos, como campos experimentales para probar la operatividad y capacidad destructora de nuevos métodos de guerra y armamentos terroríficos que dejaron como secuela trágica centenares o acaso miles de víctimas, combatientes e inocentes civiles, muertos, mutilados, incapacitados o con graves alteraciones genéticas.

La experimentación en combate de nuevas armas para medir sus efectos, es y será una de las barbaries contemporáneas en su más cruel manifestación. ¿Es una de las lógicas de la geopolítica?  

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