20 de December de 2012 21:46

De Sandra Correa a Pedro Delgado

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¿Qué es más vergonzoso: plagiar parte de una tesis de grado, admitir que falsifiqué un título académico o haber usado todo el aparataje estatal para proteger a un impostor?

Esta suerte de dilema ético no pretende establecer cuál de estas fallas merece alguna indulgencia. Lo que busca es poner al descubierto una conducta política que parece estar marcada en el ADN de nuestros gobernantes: dar protección política desproporcionada a un personaje común y (sobre todo) corriente, que tras cometer un delito reprochable,  busca disimularlo desde las altas esferas gubernamentales.

Eso lo hizo Abdalá Bucaram en 1996 y ahora lo hace Rafael Correa…

 “A Sandra Correa no la mueve ni un terremoto”, decía el entonces mandatario roldosista, el momento en que la opinión pública se le vino encima. Fue cuando Irene Pesántez denunció que la entonces Ministra de Educación había plagiado su tesis de doctorado.

De inmediato, la sal quiteña bautizó a Correa, aliada política de Rosalía Arteaga, y luego figura incondicional del ex Presidente, como la ministra Xerox.

De nada sirvió el respaldo político de Bucaram, el distanciamiento con la Vicepresidenta, ni las fotos con Miguel Salem, secretario de la Administración y hombre fuerte del Mandatario. La ministra Correa tuvo que renunciar a su cargo cuando un nuevo escándalo, el de la mochila escolar, la salpicó, semanas antes de la caída de Bucaram. Correa huyó del país y 10 años después, en el 2007, la Corte Suprema de Justicia la condenó a tres años de prisión, por este bullado caso, luego de encontrarla en Quito, en calidad de incógnita.

Sandra Correa recuperó la libertad hace un par de años y luego inició acciones legales contra el programa La Televisión y diario Hoy, por supuesta incitación al odio en su contra. Ella insiste que el periodismo la acosó al punto de haber acabado con su honra y su proyecto de vida. 

Aunque con palabras diferentes, el actual Gobierno, con el presidente Rafael Correa en primera fila, también culpó e insultó a la prensa independiente por haber linchado mediáticamente al primo Pedro Delgado. Hasta la cabeza de Janeth Hinostroza, periodista seria y profesional, rodó en Teleamazonas por investigar el caso Duzac.

Largas sabatinas y cadenas ordenadas por la Secom de Fernando Alvarado se emitieron para defender la honra de un funcionario que hace pocas horas admitió que había adulterado el título de Economista, hace 22 años, para poder inscribirse en el INCAE en Costa Rica. “Fue un error de inmadurez”, dijo Delgado al matizar su acto de deshonestidad intelectual.

A pesar que el Gobierno, con Correa a la cabeza y con el moralismo autoritario que le caracteriza, le obligó al país a creer que su primo era un tipo decente, las mentiras siempre caen por su propio peso.

Hasta la noche del miércoles parecía que a Delgado no lo movía ni un terremoto. Pero en realidad, lo que él dejó en el Gobierno fue ambiente devastador propio de los cataclismos políticos. Como lo reconoció el propio Presidente, la ‘inmadurez’ de su primo ocasionó un golpe certero a la credibilidad de un gobierno que no ha escatimado en bombardear con propaganda dura a quienes han cuestionado el trajinar del pariente. 

Este el precio de la defensa a ultranza, del despotismo en el ejercicio del mando y de creerse invencible. El plagio de Sandra Correa fue una de las causantes de la caída de Bucaram, en los años de la ‘partidocracia’. Mientras que ahora, en los años de la revolución ciudadana y ética, todavía es aventurado afirmar que la falsificación de Delgado le pasará a Correa una factura electoral.

Eso habrá que ver, así como también comprobar que, tal y como lo supone el Presidente, Delgado regresará al país a dar la cara. El viaje del primo a Miami solo fue por un compromiso familiar, asegura Correa. Por lo tanto, no sería responsable aún comparar la salida del Sr. Delgado con la huída de César Verduga, el hábil ministro de Fabián Alarcón, que en las narices de todo el Ecuador tomó un avión a México, en 1998, sin rendir cuentas de su cuestionado manejo de recursos públicos.

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