Crónicas y reflexiones de Fausto Segovia Baus, educador asertivo, investigador, adicto a la lectura y viajero tenaz. Segovia es responsable de la edición impresa de la revista mensual EducAcción, y antes fue editor-fundador de la revista FAMILIA del Grupo EL COMERCIO. La educación y la comunicación están articuladas para transformar la sociedad, complementadas por una ética civil. Apuesta por un periodismo educativo, ciudadano, científico y crítico. @FaustoSegoviaBa

Violencia contra las mujeres: epidemia mundial

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El problema es global: la violencia contra las mujeres afecta a la mitad de la humanidad. Las Naciones Unidas han advertido sobre este fenómeno y proponen el Proyecto de Igualdad de Género, probablemente el más importante del tercer milenio. La Agenda 2030 es un mecanismo que está en marcha. El caso del Ecuador.

• Transformar el mundo

‘La igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres no solo
son considerados una obligación moral, sino también cruciales para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)’, según Lakshmi Puri, especialista de ONU Mujeres. ‘Los derechos económicos, sociales y políticos de las mujeres, su seguridad e integridad, y su voz, participación y liderazgo ocupan el centro de su ambición de transformar el mundo y no dejar a nadie atrás’.

Sin embargo, ‘a pesar de los avances en las leyes para promover la igualdad de género y abordar la violencia contra las mujeres y las niñas, en la matrícula educativa, la participación en la fuerza laboral, el acceso de las mujeres a los métodos anticonceptivos y la representación femenina en los órganos legislativos, 20 años después muchas de las mismas barreras estructurales siguen vigentes en el mundo. La Agenda 2030 deberá abordar esas barreras de manera integral’.

• Epidemia mundial

Lakshmi Puri -subsecretaria de ONU Mujeres- destaca que ‘la violencia contra las mujeres es una epidemia mundial que toma diferentes formas. La mayoría de los pobres del planeta son mujeres. Las inequidades persisten en la educación, la participación laboral, los salarios, los ingresos, la protección social, el trabajo de cuidados no remunerado y el trabajo doméstico. La desigualdad en la participación en las empresas, los órganos legislativos y el gobierno es grande. Ningún país alcanzó la igualdad sustantiva entre los géneros’.

‘Al ritmo actual se necesitará otro siglo para alcanzar la igualdad de género’ –dice Puri-. ‘Existe la necesidad de avanzar rápidamente para anular los sistemas y las estructuras patriarcales que infravaloran a las mujeres y las niñas desde hace siglos, las despojan de la igualdad de derechos y les niegan a ellas y al resto de la humanidad las oportunidades para realizarse por completo’, propone la subsecretaria de la ONU Mujeres.

• Más inversión en igualdad de género

‘La Agenda de Acción de Addis Abeba, aprobada en 2015 en la Conferencia Mundial sobre la Financiación para el Desarrollo, se comprometió a lograr la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer e incorporarla en particular mediante acciones e inversiones específicas en la formulación y aplicación de todas las políticas financieras, económicas, ambientales y sociales’.

‘También se comprometió a aplicar políticas sólidas, legislación y "medidas transformadoras" en todos los niveles. El ‘Plan de Acción de Addis Abeba sobre la Financiación Transformadora para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer" de ONU Mujeres, que implica un aumento considerable de la inversión en la igualdad de género de todas las fuentes y en todos los niveles, cosechó un amplio apoyo. La urgencia de estos compromisos de dotación de recursos sin precedentes se enmarcó en la fecha límite de 2030’.

• El ‘gran salto’

‘La adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, centrada en la igualdad de género, representa una victoria importante para quienes defienden este objetivo, incluida ONU Mujeres’, expresa Puri. Por eso, las mujeres ven con beneplácito el reconocimiento que ‘el desarrollo sostenible no es posible si a la mitad de la humanidad se le sigue negando la plenitud de sus derechos humanos y oportunidades’.

‘El gran salto es que la Agenda 2030 posiciona como marco fundamental para el desarrollo sostenible -una base normativa- con todos los objetivos y metas de género transformados en aquellos de desarrollo sostenible’, reafirma.

• Ecuador: nuevas políticas públicas

La situación de las mujeres en el Ecuador ha mejorado, gracias a los avances en la legislación y a la lucha continua de grupos e instituciones sociales vinculadas a su defensa. La participación de las mujeres en los ámbitos político, social, laboral, cultural, académico y económico es evidente; no obstante, se mantiene todavía una estructura de poder patriarcal anclada a una matriz cultural aliada al predominio masculino.

Las estadísticas sobre violencia intrafamiliar, discrimen por género y desventajas comparativas en el mundo educativo y laboral subsisten en el país, en grave detrimento de la dignidad de las mujeres.

El cambio de la matriz educativa, en textos escolares, en el lenguaje oral y escrito, así como en el denominado currículo oculto, que elimine toda forma de discriminación entre los sexos, es urgente. Y junto a lo anterior, nuevas políticas públicas en relación con el fortalecimiento de las familias, la profesionalización de las mujeres, con espíritu abierto y plural, anclado a los derechos humanos y a los deberes y responsabilidades de sus principales actores.

• Deuda pendiente

La creación de nuevas organizaciones de mujeres es un indicio de que el mundo puede cambiar. Y de hecho está cambiando: la red de mujeres científicas ecuatorianas ha tomado fuerza; el estatus de las mujeres profesionales mejora; la inserción de las mujeres en la política, las artes, la educación y la cultura -en pie de igualdad con los hombres- es real, aunque hay que trabajar más.

Una deuda pendiente es la erradicación de la pobreza y la pobreza extrema -donde la mayoría corresponde a las mujeres-. Es papel de la sociedad -y no solo de los candidatos- encontrar sistemas de inclusión, con una educación de calidad para las mujeres, remuneraciones adecuadas y el respeto como seres humanos.
¡Y que la enfermedad de la violencia contra las mujeres dé paso a un proyecto integrador e interdisciplinario -de mujeres y hombres- comprometido con la ética civil, social, económica y política!