Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria de carácter internacional e independiente que brinda asistencia de emergencia a poblaciones víctimas de catástrofes de origen natural o humano, de conflictos armados, de epidemias y de otras situaciones de exclusión de la salud, sin ninguna discriminación por raza, religión o ideología política. @MSF_Argentina - Sitio Web: www.msf.org.ar - Foto: Jesus Abad Colorado.

Curando heridas de guerra en Medio Oriente

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El ensayo fotográfico “El inicio de la recuperación” marca el comienzo de un nuevo inicio para las víctimas de los conflictos que han devastado Medio Oriente. De Yemen a Siria, de Irak a Palestina, cientos de miles de personas han perdido la vida o la han visto destruirse.

En los últimos 10 años, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha ayudado a reconstruir algunas de estas vidas al proporcionar cirugía reconstructiva especializada, fisioterapia y consejería de salud mental en su hospital de Amman, Jordania.

A través de esta galería de imágenes -a color y en blanco y negro-, MSF busca visibilizar y retratar las historias de sus pacientes, y de cómo fueron sus largos y complejos caminos de recuperación.

Aisha, o Ayyoush, como a las enfermeras le gusta llamarla, siempre usa vestidos bonitos y coloridos, y un sombrero de paja con rosas en la cabeza. Durante las excursiones que se realizan desde el hospital de MSF al Museo de los Niños o a uno de los muchos patios de recreos en Amman, Aisha, de 8 años, adora coleccionar globos y rosas. Junto con Noor, la terapeuta ocupacional del hospital, Aisha practica haciendo y deshaciendo botones con la mano izquierda, dibujando líneas y círculos, y cortando con tijeras. Ella tenía sólo seis meses cuando una vela volcada prendió fuego su cama en Ibb, en Yemen. Recibió quemaduras en el lado izquierdo de la cara y el brazo. Después de cuatro operaciones en Yemen, ha tenido múltiples rondas de cirugía plástica en el hospital de MSF en Amman, para reducir las cicatrices y las contracturas musculares. Aisha tiene un descanso de tres a seis meses entre cada ronda de cirugía, cuando ella y su padre regresan a Yemen. “Ayyoush” está mejor, dice su padre. “Me encanta verla bailar, siempre baila en casa”.

Encantada de poder sostener una aguja e hilo de nuevo, Amal, de 23 años, recuerda los días en que trabajaba como sastre en su ciudad natal de Kirkuk, en el norte de Irak. Con 10 años, Amal ya era una hábil costurera tras ver a su madre Fakhriyya en el trabajo y cuando alcanzó la mayoría de edad, lo tomó como una profesión.

Pero luego, un día en 2014, ocurrió un desastre. "Estaba con mi abuela cuando estalló un coche bomba", dice Amal. "Estaba ardiendo. Traté de apagar el fuego con mi pecho y me quemé terriblemente las manos. Después del ataque, mi hijo no me reconoció. No pude dormir o incluso beber agua. Las quemaduras fueron muy difíciles de soportar. Cuando llegué por primera vez al hospital de MSF, mi cuello estaba fusionado a mi pecho. Sientes que necesitas arañarte pero no puedes".

Después de varias rondas de cirugía, seguidas de una fisioterapia intensiva, Amal puede mover nuevamente el pecho y el cuello, y usar sus manos para enhebrar una aguja e hilo. Hoy el dolor es menor, dice, con los ojos fijos en el vestido que está cociendo para su primita en Irak.

“A las 8 de la mañana, cuando comencé a trabajar, sentí que algo iba a suceder, pero no sabía qué”, dice Haidar. Más tarde, ese mismo día, el electricista de 42 años oriundo de la capital iraquí, Bagdad, estaba en lo alto de un recolector de cerezas reparando cables cuando explotó un coche bomba cerca de allí, matando a un gran número de personas y dejando a Haidar en estado crítico. Con su antebrazo derecho amputado y su pierna izquierda severamente lesionada, además de infectada, el padre de dos hijos llegó al hospital de MSF en Amman en febrero de 2017, sin poder caminar ni flexionar el brazo. Seis meses y ocho operaciones después, la infección de Haidar ha sido tratada con éxito, camina de forma independiente, y después de una fisioterapia regular, puede mover nuevamente su brazo, sin dolor. “Siento que mi vida comienza desde el principio”, dice Haidar. “Todo es nuevo otra vez: mi nueva pierna, mi brazo que está mejorando, y también mi vida con mi esposa”.

Alzando las cejas por encima de sus ojos brillantes, mostrando el pulgar hacia arriba y una sonrisa traviesa, Ibrahim, de cuatro años, desea comunicarse con todos los que lo rodean. "¡Ven aquí!" Y "¡Vete!", pronuncia con determinación, mientras aprende a formar palabras a través de una boca aún frágil.

En mayo de 2015, Ibrahim y sus padres huyeron de los bombardeos en la capital yemení, Sana'a, por la seguridad de la casa de su abuela. Allí Ibrahim bebió de una botella que contenía limpiador para drenajes. El ácido le quemó la boca y fusionó sus labios, dejándolo incapaz de abrir la boca para hablar o masticar alimentos. Después de llegar al hospital de MSF en Amman en 2017, Ibrahim se sometió a múltiples rondas de cirugía maxilofacial y plástica. Ahora, por primera vez en más de dos años, puede volver a abrir la boca. Con la ayuda del equipo de fisioterapia, comenzó a comer alimentos semisólidos y su padre le está enseñando a hablar. "Estoy tan feliz de ver a Ibrahim riéndose de nuevo", dice su padre. "Si Dios quiere, la cirugía y la fisioterapia le permitirán recuperarse por completo".

“Rusos, sirios … no sé. Había tantos aviones arrojando bombas en aquellos días en 2016”, dice Madhor. Este agricultor de la gobernación rural de Hama, en Siria, estaba sentado bajo un olivo con sus siete hijos cuando una bomba de barril los golpeó, matando a dos de los niños. Recuerdo el momento en que cayó la bomba, pero luego perdió el conocimiento durante tres días. Se despertó en un hospital en Hama y descubrió que había perdido su ojo, y que su pierna izquierda estaba ensangrentada y rota. “Simplemente pensé que iba a morir”, recuerda Madhor. “También perdí mis dientes y por tres meses casi no comí”. Madhor ahora puede caminar con muletas, pero sigue siendo doloroso. Después de múltiples operaciones en el hospital de MSF en Amman, la fisioterapia intensiva ha tenido resultados positivos: Madhor ahora puede disfrutar días lejos del hospital visitando a su esposa Layla y a sus cinco hijos restantes en el campamento de refugiados de Azraq en Jordania. También puede caminar unos cientos de metros hasta la mezquita más cercana del hospital, para tener un momento de oración tranquilo mientras se recupera.

En los famosos restaurantes iraquíes de la capital de Jordania, a Mahmood le gusta comer masgouf, el plato tradicional de carpa a la parrilla, con sus amigos iraquíes. Esta es la cuarta estadía de Mahmood en el hospital de MSF en Amman para una serie de operaciones maxifaciales que ya han reconstruido su mandíbula y mejilla izquierda, junto con sus dientes. “Ahora voy a Jordania todos los años”, dice Mahmood. “Fue mi sueño obtener el tratamiento adecuado”. Mahmood resultó herido en noviembre de 2004 en la capital iraquí, Bagdad. Cuando su automóvil quedó atrapado en medio de un tiroteo, una bala entró en su mejilla derecha y salió por la izquierda. Mahmood ahora está esperando un reajuste final de sus dientes y una operación en su lengua. El hombre de 61 años tiene mucho por qué vivir: “Tengo dos esposas y trece hijos”, dice, “¡y el 14 llegará pronto!”.

Desde que llegó al hospital de MSF en Amman, Manal, de 11 años, hizo muchos amigos mientras participaba en actividades dirigidas por el equipo psicosocial. Los lunes, cuando Isabel, la profesora de música, viene a tocar música con los pacientes más jóvenes, a Manal le encanta tocar la guitarra. En 2015, Manal resultó herida cuando explotó un misil en la ciudad de Kirkuk, al norte del país. Sufrió quemaduras y contracturas musculares en la frente, el cuello, la oreja derecha, el párpado, el codo derecho y la muñeca. Antes de llegar a Jordania, Manal no se había operado. Tuvo dificultad para cerrar su ojo derecho, que permaneció ligeramente abierto mientras dormía, perturbando su descanso. En el hospital de MSF, los fisioterapeutas masajean su ojo y le enseñan cómo hacerlo por sí misma. Desde que se sometió a una cirugía y fisioterapia intensiva, Manal puede cerrar los ojos y dormir adecuadamente, así como también usar las manos para tocar melodías con la guitarra.

“Lo último que recuerdo es estar en mi automóvil en Adén”, dice Qatada. “Cuando me desperté, podría sentir dolor en todo mi cuerpo. No podía usar mis manos, mi brazo derecho estaba fracturado, mi mano izquierda estaba deshabilitada y mis dos piernas habían sido imputadas”. Qatada llegó en una silla de ruedas al hospital de MSF en Amman, donde le colocaron prótesis de piernas, aunque, por consejo de su médico, actualmente no las usa debido a una afección cardíaca recurrente. Él ha tenido cirugía ortopédica compleja en ambos brazos, incluido un trasplante de nervios. Ahora puede usar sus manos para tareas cotidianas, como usar su teléfono y vestirse, y también se ha enseñado a sí mismo a escribir. Qatada y su esposa Kifah tuvieron su tercer hijo hace un año y esperan ser reubicados en un país occidental en el futuro.

“En nuestra familia amamos los momentos en los que comemos todos juntos. Somos cinco hermanas y dos hermanos, asi que ¡nunca estamos en silencio! Pero una vez, cuando estábamos cenando, una bomba cayó en casa y nos hirió a todos”. La tímida Shamsa, de 13 años, y la joven Khitam, fueron las dos más gravemente heridas de la familia. La cara de Shamsha estaba profundamente deformada debido a las graves quemaduras causadas por la explosión de la bomba. Ahora la familia vive en Mafraq, una ciudad del norte de Jordania, lejos de su ciudad natal, Alepo, y donde una gran cantidad de refugiados sirios se han reubicado en los últimos cinco años. En la etapa final de su cirugía, el cirujano plástico realizó un expansor de tejido en el cuello, lo que le permitió crecer una piel adicional que le ayudaría a reparar su cara dañada. Shamsa se hizo amiga de los otros niños heridos y siempre se entusiasma por pasar tiempo fuera del hospital, cuando el equipo psicosocial lleva a los niños a museos, áreas de juegos y áreas de entretenimiento.

Yousef, de 17 años, ama las motos. Solía pasar horas andando en su moto cerca de su casa en la capital iraquí, Bagdad, una vez que atardecía y el calor del día había disminuido. 18 meses atrás, un grupo de hombres enmascarados acosó a Yousef, robó su motocicleta y luego lo prendió fuego, dejándolo con graves quemaduras en la parte superior del cuerpo, el cuello y las orejas.

Después de recibir tratamiento médico inapropiado en Irak, Yousef desarrolló contracturas musculares serias alrededor de sus brazos, espalda y cuello. Cuando llegó al hospital de MSF en Ammán, tenía el mentón pegado al cuello, los brazos estaban pegados a los costados y no podía mover la parte superior del cuerpo. Pero gracias a una cirugía compleja, Yousef está en camino de recuperarse por completo. Ahora puede comer, beber, vestirse y moverse de manera completamente independiente. Recientemente, en un viaje a las afueras de Amman, Yousef subió a una motocicleta por primera vez desde el ataque y estaba emocionado de poder andar sin sentir dolor.