Los que no hemos tenido la suerte de ser futbolistas de verdad, los que tenemos que conformarnos con verlo en la tele y los graderíos, casi siempre lo hacemos con el vaso de cerveza, algún traguito, acompañado de amigos, con los que salen a flote conversaciones sobre cualquier cosa que nos deja el partido. De eso se trata este blog: hacernos a la idea de que somos amigos, de que estamos en un bar o en la sala de una casa hablando de fútbol, de este mundial Rusia 2018. Twitter: @santiaestrella
Santiago Estrella
Periodista de EL COMERCIO desde el 2002. Es hincha de Aucas y de Racing de Avellaneda.

Entre los ojos de Messi y los de Cristiano Ronaldo

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Era el momento del tiro libre. El tiempo se acaba y ese remate es vital. Las cámaras no dejan de enfocar a los que van a pegar ese tiro. Y los ejecutores son nada menos que lo mejor que tiene el fútbol hoy: Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. Pero no son las distintas suertes lo que los ha distanciado hoy, sino las personalidades. 

Le veo a Cristiano Ronaldo con la mirada fija en el arco mientras el guardameta arma la barrera, mientras la barrera se pelea con el árbitro porque quieren ganar unos centímetros, como corresponde a toda barrera.

En todo es tiempo. Ronaldo casi no mueve la mirada de sus objetivos. El pitazo del árbitro para que comience la jugada demora. Creo que muchos estarán de acuerdo que cuando se demora mucho un tiro libre difícilmente va a ser gol. Es algo así como la regla no escrita por los dioses del fútbol: déjense de joder con tonteras y juegen ya. Ah, ¿se demoran? No será gol. 
Pero Cristiano -¿su nombre así lo indica?- que generalmente cae tan mal como el hígado en cualquiera de sus variantes, no despega su mirada del arco, de la inmensidad del arco. Y eso puede explicarse en el golazo de tiro libre que se mandó contra España.

A Messi le tocó la misma suerte. Pero de lo que se pudo ver, su actitud era distinta. Miraba poco, al menos no con tanta intensidad. Incluso miraba al piso. Quizá -y este es otro tema- el penal lo dejó marcado. Y el resultado fue que el disparo pegó en la barrera. 

Es una cosa de personalidad. Cuando veía a Portugal pensaba que era el equivalente en fútbol al equipo de la NBA los Cleveland Cavaliers: LeBron James y los demás, los otros, pero siempre LeBron. Pero por lo menos tenía a LeBron,y Portugal a Cristiano. Los que se ponen el equipo al hombro no solo por talento sino por personalidad. 

Y eso es precisamente lo que le falta a Messi. La única vez en que se lo vio ponerse el equipo al hombro fue en el partido con Ecuador, en Quito, en la eliminatoria última. 

Y así, cuando se trata de compararlo con Maradona, uno dice: no es para tanto. Argentina era Maradona y 10 más no porque los otros eran malos, sino porque Maradona tenía demasiada personalidad. Como Ronaldo, con los ojos expuestos, apuntando, asegurándose, haciendo el gol. Los ojos de Messi, más allá de su extraordinario talento, parecen estar escondidos.