Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Mundial, día 1: Demolición a lo Putín, Bauza y el dedo de Robbie Williams

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Alejandro Ribadeneira, @guapodelabarra

El partido inaugural fue muchísimo mejor de lo que auguraban aquellos que, enfocados en el sobrestimado ranking de la FIFA, apenas esperaban bostezos luego de una bonita ceremonia. ¡Qué error! El fútbol que vale la pena es emoción y espectáculo, y el equipo de Rusia fue generoso en estos dos rubros para ofrecer, a costa de Arabia Saudita, la segunda mayor goleada de los duelos inaugurales de la historia. Se pensaba, otra vez con ese ranking FIFA como referente, que veríamos dos plantillas parejas, pero parejas hacia abajo, caracterizadas por la escasez de técnica, limitadas, insípidas, incapaces de generar volumen de juego. El equipo del DT Stanislav Cherchésov fue demasiado superior, enormemente arrollador, dueño absoluto de la pelota y del espectáculo, con un Golovin tocado por los dioses (dos asistencias, un precioso gol de tiro libre y sobretodo una capacidad de crear luz en los pasajes sombríos) y un Cheryshev que se una al club de aquellos que han logrado un doblete en el duelo inaugural. Un 5-0 contundente.

Vladimir Putín festejó a su manera, sentado junto a Gianni Infantino, el líder de una nueva FIFA que busca dejar atrás el escándalo de la corrupción, y a Mohammed Bin Salman, el príncipe heredero que impulsa una modernización pro-occidental en el conservador reino saudita. Daba ternura ver a Putin dando la mano el jeque en cada gol, como disculpándose por ganar, pero sin perder su habitual expresión de que tenía la situación bajo control, el suyo, por supuesto. Putín, acostumbrado a derrotar a sus rivales por demolición, presenció eso mismo, una victoria sin discusión, por KO. ¿Putín y el jeque habrán apostado alguna extravagancia? Imaginarlo es delirante.

Pero es más delirante imaginar la cara de Edgardo Bauza sentado frente al televisor viendo que le metían cinco a su exequipo. Bauza no es de venganzas, pero su cara de satisfacción al presenciar que su sucesor, Juan Antonio Pizzi, fracasaba rotundamente en el debut debe haber sido gloriosa. Bauza, todos los saben, fue echado de Arabia Saudita a siete meses del inicio del Mundial tras dirigir solamente cinco amistosos (tres derrotas, dos triunfos). Pizzi, que venía de fracasar con Chile en las eliminatorias, tomó el mando y, ¡bueno!, ha sido aplastado. ¡De la que se salvó Bauza!

El que no se salvó fue el cantante Robbie Williams, quien actuó en la ceremonia inaugural y se mandó una seña del medio en plena canción, en directo. Este gesto fue en contra de aquellos que lo han criticado por “venderse a Putín” y ha generado una ola de comentarios en Inglaterra. “Si ya saben cómo soy, para qué me invitan” es el refrán que puede aplicarse a esta estrella del pop británico, que en todo caso ha roto con la tendencia musical de los mundiales, repletos de ritmos urbanos y reguetoneros. ¿Y será que Barcelona SC usará la acción de Robbie Williams para apelar por la sanción a Beder Caicedo, otro expositor del dedo medio? 

Empezó el Mundial. Quedan 63 cotejos más, es decir, 63 oportunidades de disfrutar de una fiesta que inició prometedora. Que así siga.