Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Quinteros, el DT de la década perdida

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Comentarista, @guapodelabarra


En estas horas en que la afición no termina de digerir la derrota ante Perú, abundan los análisis sobre Gustavo Quinteros. Su fracaso se explica por razones deportivas, institucionales e incluso sociales. Esto merece, de todos modos, algunas reflexiones:

1.De alguna manera, esos ámbitos ya han sido abordados y la conclusión general es que el estratega ha causado un enorme retroceso en el fútbol de Ecuador. Su paso ha sido más nefasto de lo que se mira a simple vista. Para empezar, destruyó la identidad de la Tricolor; no es que la cambió o la suplantó por otra: simplemente, la hizo polvo. También desvalorizó la importancia de jugar en Quito solo para encontrar un paraguas cuando todo se desmoronaba y lo que ha generado es el irresponsable rebrote del regionalismo. Nunca un entrenador vio en persona tan pocos cotejos del fútbol nacional: no fue ni siquiera a ver a Independiente en su heroica Copa Libertadores, como si los clubes del país jugaran a cada rato finales internacionales. No fue no siquiera cuando esos partidos representaban la unión del mundo del fútbol luego del terremoto. Nunca un estratega despreció a los jugadores de los clubes punteros. Nunca hubo un DT que se burlara de los propios dirigentes, que insultara a los críticos, que redujera el debate a frases soeces, sin recibir al menos un memo de llamado de atención. Y nunca hubo un entrenador que matara de a poco al equipo, con una crueldad dosificada. La Tricolor ha sido una tortura en cámara lenta.

2. Quinteros encarna mucha cosas, como es obvio en alguien que representa una entidad que cala tan profundamente en la sociedad como la Tricolor, y también es un espejo de lo mal que está el balompié del país. Es verdad que, si Ecuador hubiera clasificado a Rusia, estaríamos hablando de otras cosas y no del desastre que tenemos en el día a día. Enumeremos: los clubes siguen quebrados en su mayoría, hay escasos proyectos serios para formar jugadores, la violencia en los estadios y los alrededores es latente, hay dirigentes (casi todos) que ante la prensa reclaman pero que en las sesiones de la FEF guardan silencio, hay pasividad ante la baja calidad de jugadores que salen al exterior, el torneo de Segunda se desarrolla con marcadores de 20-0, y se mantiene una estructura que sigue siendo clientelar y que ha confundido la estabilidad del puesto de dirigente con la perpetuidad. Gracias a Quinteros, al menos podemos hacer esta lista y enfocarnos en lo importante.

3. Tampoco hay que olvidar el tema político. Quinteros fue una pieza más de la estructura que armó RC para dominar al fútbol, en su empeño de controlar hasta el último centímetro de la vida de los ecuatorianos y hacer del deporte su caja de resonancia proselitista. Algún día se contará con detalles el auge y la caída de esa estructura, que llegó a niveles risibles de que el córner de la Tricolor era auspiciado por algún ministerio o la mismísima revolución, para luego provocar, cuando el petróleo bajó, que los clubes dejaran de recibir a tiempo sus dineros y el fútbol se trasladara a la señal de pago. Quinteros, sin haber ganado nada afuera, sim pergaminos en el exterior, fue un capricho costoso del líder, que quería un DT de su cuño para la famosa década ganada luego de que Reinaldo Rueda no le siguió el juego. Hay tantos paralelismos (caro como las refinerías, insultador como el líder, se lo impuso como el supuesto impulsador de un ‘salto de calidad’ paralelo al ‘cambio de la matriz productiva’, impopular cuando se revelan las cifras reales), que es imposible pensar que solamente es una casualidad. Al contrario: es una consecuencia de los tiempos que estamos viviendo.

4. Carlos Villacís no asumió su papel de ser un dirigente de transición. A los pésimos mundiales de Fútbol Playa y de la Sub 20, se agrega este fracaso máximo y doloroso en la Tricolor. Es verdad que heredó el costoso problema de las indemnizaciones de Quinteros y que por eso no pudo cambiar de entrenador a tiempo, luego de que el DT falló en realizar la mejor de las Copas Américas. Pagar millones cuando los clubes no reciben sus recursos era incoherente. Pero este fracaso debilita a Villacís, que no tiene mucho que mostrar para convencer a la dirigencia y la afición de que merece seguir al frente de la Ecuafútbol. Quinteros lo hundió, quizás para siempre, aunque aún queda el tema de los derechos televisivos para maniobrar con los clubes.

5. ¿Qué hacer? En lo inmediato, Ecuador debe hacer todo lo posible para cerrar con vergüenza deportiva esta etapa. Pero lo de fondo se antoja más difícil porque se trata de cambiar una estructura y eso depende de un acuerdo entre los dirigentes, un pacto de gobernabilidad del fútbol. No hay voluntad para que eso ocurra, a menos que Lenín Moreno los reúna y los comprometa, pero el Presidente afronta problemas más trascendentales. Esto depende de la gente que trabaja en el fútbol. Se verá si aparece el liderazgo que reconstruya lo que queda del fútbol del país.