Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Mundial, día 8: el castillo de mentiras de Argentina se derriba

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Alejandro Ribadeneira, Comentarista, @guapodelabarra


Cuando se construye un castillo con mentiras, lo normal es que en algún momento tenga que derribárselo y exponer la realidad a la luz. La Croacia de Ante Dalic fue la encargada de fotografiar a la Argentina de Jorge Sampaoli, que cayó goleada 3-0 y teme una vergonzosa eliminación. Pero no solo hay miedo por el papelón de quedar fuera en primera fase, que de todos modos es algo que deportivamente puede pasar. Es la forma en que esto ocurre, que revela la enorme crisis que arrastran los albicelestes, falsamente considerados como favoritos del grupo y candidatos al título. El gol de blooper que regaló el portero Willy Caballero, por supuesto, generó que Argentina se lanzara al ataque y se crearan los espacios para que Luka Modric y compañía se hicieran ricos con sus contragolpes. Pero el problema de fondo es que el entrenador argentino es un impresentable: nunca consolidó una alineación fija de un cotejo a otro, nunca logró que Lionel Messi estuviera protegido por sus compañeros y jamás acertó en sus planteamientos, todos endebles.

Croacia, en cambio, respetó su línea. Juego recio, fuerte, a veces al filo del reglamento. Gran sacrificio para reducir a Messi y los suyos. Impecables por arriba. Con algo de suerte en el primer tiempo, cuando Meza aún tenía combustible. Modric, que de niño fue refugiado y ahora es socio de CR7 en el Real Madrid, se mostró sobrio en el reparto de la pelota y consiguió un gol formidable a pesar de la marca de Nicolás Otamendi.

¿Lionel Messi es culpable? Por supuesto, porque forma parte del grupo. Estaba llamado a ser el centro de un sistema solar para repetir la campaña del 2014, pero el astro del FC Barcelona terminó convertido en un agujero negro que se tragó todo el fútbol que procuraba generarse para su lucimiento. Pero Messi no puede ser culpable del gol que Enzo Pérez falla ¡sin arquero!, del error de Caballero, de que lo patrullen cuatro croatas y nadie lo socorra, de que de todos modos se muestre para que no le den la pelota, de que Sampaoli inicie una revolución táctica en el medio campo en pleno Mundial, como si fuera tan automático. Messi es víctima porque se ha obligado a vivir con la etiqueta de que debe liderar a Argentina, que debe ser campeón del mundo, que es lo más cercano a Maradona desde 1990. Si Fito Páez le dedicó ‘Y dale alegría a mi corazón’ a Diego, rompe el corazón imaginar qué balada tan triste puede inspirar un Messi tan derrotado. De todos modos, Argentina aún tiene opciones, pero también depende de otros resultados. ¿Habrá temple para pasar de ronda?

El que no tiene ni opciones es Perú, que volvió a ser el ‘Brasil sin gol’ de los años 70. Sí, mucho toque. Sí, mucha verticalidad y llegada. Sí, es bonito verlos. Pero los peruanos de Gareca son inoperantes frente al arco y Francia, que se pasa de práctica, los eliminó con un sencillo 1-0. La telenovela que significó llevar a Paolo Guerrero a Rusia no sirvió para nada. Para esto, era mejor dejarlo en casa.