Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Mundial, día 20: Suecia venció a Zlatan y Pekerman falla ante el Huracán Kane

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Alejandro Ribadeneira, Comentarista, @guapodelabarra

El fantasma de Zlatan Ibrahimovic, uno de los bocazas más grandes del fútbol, fue borrado por la selección de Suecia, que superó por 1-0 a Suiza y entró a los cuartos de final, algo que no ocurría en 24 años. Zlatan, presuntuoso y harto de las críticas tras los fracasos en las eliminatorias para los mundiales del 2010 y 2014, se retiró del equipo.

No contaba con que, apenas se marchó, los suecos comenzaron una renovación que los llevó a estos hitos en dos años: eliminar a Holanda, vencer a Francia en el proceso, echar a Italia en el repechaje, aplastar a México para ganar el grupo en que estaba Alemania y, ahora, pasar de octavos, con autoridad . El gol de Emil Forsberg, es verdad, tuvo la divina ayuda de Thor; pero Suiza, más lenta e imprecisa de lo habitual, careció de la fuerza para poner en verdaderos apuros al rocoso sistema defensivo que plantó el entrenador Janne Andersson, un tipo serio, que jamás cayó en el chantaje emocional de Zlatan. Porque rogar al díscolo delantero y ponerlo en la cancha era justamente lo contrario, era renunciar a tener un equipo.

El técnico sueco se conmovió un poco, humano al fin, porque los hinchas suecos corearon su apellido en las gradas. Pese a todo, Andersson no perdió la compostura y reiteró la verdad suprema: el fútbol se gana en equipo. “Hacer las cosas juntos te convierte en alguien muy fuerte” fue el mensaje del primer ministro sueco, el socialdemócrata Stefan Löfven, luego de este triunfo de la patria de Alfred Nobel.

El último duelo de octavos pasó de la candidez a la euforia, de los bostezos al estrés de los penaltis gracias al cabezazo de Yerri Mina en el tiempo de adición, que forzó que Colombia e Inglaterra fueran a tiempo extra, con un James Rodríguez contemplándolo todo (sufriéndolo todo) desde el palco, por culpa de una lesión. Quizás con James en el campo de juego, Colombia no habría regalado tanto el partido.

Colombia entró al primer tiempo como lo hizo Ecuador ante el mismo rival en el 2006: defensivo, con extrema cautela, casi haciendo reverencias. Por eso el cotejo fue de medio campo, sin jugadas claras de gol, aunque de todos modos se notaba que los británicos de Gareth Southgate eran más precisos con la pelota. Para la segunda parte, el penalti de Carlos Sánchez, perseguido por la calamidad en este Mundial (fue el de la mano del penalti de Japón) sobre Harry Kane, clarísimo, inobjetable, dio paso al gol y a que todo se convirtiera en un electrizante cotejo que siempre fue cuesta arriba para el cuadro de José Pekerman.

El estratega argentino lució mucho más pálido que de costumbre desde entonces. Otra vez, su alineación inicial (¿dejar a Matheus y Muriel como suplentes?) y su esquema conservador le estaban costando el partido; pero esta vez los cambios le funcionaron y Colombia pasó al ataque. Cuadrado desperdició una estupenda opción pero Mina no falló cuando el cotejo estaba por acabarse. 

Inglaterra retomó el control del cotejo en el segundo tiempo extra pero solo la ruleta rusa de los 12 pasos le garantizó la clasificación. Para la historia quedará que Harry Kane, que con su gol a Colombia se convirtió en el segundo máximo artillero inglés en la historia de los Mundiales.