Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Mundial, día 23, tras dos de pausa: ¿Sudamérica ya no está para la grandeza?

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Alejandro Ribadeneira, Comentarista, @guapodelabarra

Este día está lleno de coincidencias. Se fueron eliminados los dos únicos equipos sudamericanos que quedaban. Los arqueros fueron determinantes. Los cracks sudamericanos no lucieron en sus mejores versiones. Y también hubo algo de fortuna, algo aleatoria, ese guiño del destino que favorece a los predestinados, ese giro que nos lleva a preguntarnos si las selecciones de Sudamérica ya no están para la grandeza de un Mundial.

Las derrotas de Uruguay y Brasil dejan, por cuarta ocasión consecutiva, el título para Europa. Y, aunque podamos matizar que Francia y Bélgica tienen selecciones con un alto componente africano por la inmigración, de todos modos se trata de jugadores formados casi en su totalidad en clubes del Viejo Continente, donde está la vanguardia de la táctica y hay recursos para cumplir con eso que se llama ‘proceso’. Hoy, Europa ha demostrado que está por encima de Sudamérica.

Francia le ganó a Uruguay con una jugada irónicamente apreciada por el estilo charrúa: tiro libre desde un costado para el cabezazo de un defensa. Un parpadeo y adiós Uruguay, el equipo más concentrado del Mundial hasta hoy qu jamás pudo encontrar la manera de realmente crear peligro en el arco del meta francés. Bueno, sí hubo una jugada, esa maravillosa estirada de Hugo Lloris para tapar un cabezazo de Martín Cáceres. Si entraba, quizás el envión anímico hubiera ayudado al equipo del ‘Maestro’ Tabárez. Pero un error del meta Néstor Fernando Muslera, de manos jabonosas, más bien terminó por deprimir a Uruguay en el segundo tiempo, que jugó sin Cavani por lesión y cuyo otro atacante estelar, Luis Suárez, jamás pudo disparar al arco.

Bélgica y su generación de oro se deshicieron de un Brasil que cayó de forma estremecedora. Todo el esfuerzo del DT Tite, llamado en un raro consenso general para dejar atrás los fracasos del Mundial pasado y de las Copas América del infumable Dunga, fue infructuoso. El estratega, que goza de gran reputación, llegó a este cotejo tras dos años sin perder en cotejos oficiales (solo cayó en un amistoso sin sentido con Argentina en China) y llevó lo mejor disponible. A la hora de la verdad, le faltó el liderazgo de Dani Alves, ausente por lesión, y que Neymar tuviera más ritmo, pues dejó de jugar tres meses por su operación y su mayor recurso fue buscar la nominación al Oscar. De todos modos, Bélgica lució impresionante con la pelota, con el ‘Mago’ Hazard destrozando el medio campo del rival a placer con sus dribles y sus pases que herían a Brasil de muerte. Y también hubo fortuna, ya que Fernandinho, eficiente jugador del Manchester City, metió un autogol. Sí, los guiños del destino quisieron que el equipo con la defensa más alaba del Mundial cometiera un autogol en un despeje normal.

A diferencia de Uruguay, Brasil no se entregó y dio pelea hasta el último segundo. Pero los Diablos Rojos del entrenador Roberto Martínez resistieron, echaron del Mundial al favorito de las encuestas (¿no que la final soñada era Brasil-Alemania?) e igualó la gesta de aquel equipo de Enzo Scifo, Jan Ceulemans y Jean-Marie Pfaff en México 1986, cuando alcanzó las semifinales.

Con esto, Sudamérica queda borrada de la ecuación y el resto del torneo es una Eurocopa.