Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Mundial, día 9: el llanto de Neymar y las águilas de Kosovo y Nigeria

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Alejandro Ribadeneira, Comentarista, @guapodelabarra

Esta jornada será recordada por los cotejos intensos y emotivos que se vivieron, y en todos por fin aparecieron personajes sobre los que había altas expectativas. Uno es, por supuesto, Neymar. A diferencia de Messi, verdadero monumento al iceberg hasta el momento, el brasileño fue hiperactivo en el duelo con Costa Rica. Parecía un niño con exceso de azúcar. Buscó la pelota, le destrozaron las medias por las patadas que recibía, se quiso inventar un penalti que el VAR reveló que jamás existió, repartió centros, se peleó verbalmente con el juez y los ticos, maravilló con unos lujos e hizo un gol en el segundo final el encuentro. Marcó el gol más tardío de la historia de los mundiales (sin contar las prórrogas) pero, sobre todo, dejó en claro que no está dispuesto a dejarse arrastrar al desastre como ocurre con Messi. Al menos dará pelea, aunque la clasificación sigue pendiente y, sí, puede ocurrir eso justamente, un desastre ante Serbia.

Costa Rica fue un equipo mañoso, con triquiñuelas propias de Segunda división. Una vergüenza que esta selección sea la heredera del maravilloso equipo que deslumbró en el Mundial del 2014. Pero casi le resulta la apuesta al entrenador Óscar Ramírez de la estrategia ratonil, pues Brasil debió esperar hasta el minuto 90 para vencer al gran portero Keylor Navas. El equipo del DT Tite realizó un gran segundo tiempo, con volumen de juego y oportunidades de gol. Pero se sufrió tanto, que Neymar, ¡quién otro!, lloró de la emoción cuando el árbitro pitó el final. Brasil 2, Costa Rica 0 y eliminado.

También apareció el poder provocador de Shaqiri, quien anotó un gol espectacular para el triunfo de Suiza ante Serbia por 2-1, pero el festejo tuvo una carga política muy fuerte. Shaqiri es de origen kosovar, un pueblo albanés en entredicho con Serbia, así que no fue inocente que el jugador se quitara la camiseta y festejara evocando al águila albanesa. En Tirana consideran a Shaqiri, Granit Xhaka -autor del primer gol ante los serbios- Valon Behrami y Blerim Dzemaili, suizos de raíces albanesas, como propios.

Otra águila que apareció y atacó fue la de Nigeria, que doblegó 2-0 a los islandeses. El entrenador alemán Gernot Röhr logró que sus pupilos lavasen su imagen luego del mediocre debut ante Croacia. Se dice que esto da vida a la Argentina de Messi, pero en realidad primero da vida los propios nigerianos, pues están en segundo lugar del grupo y lucen en mejores condiciones para entrar a octavos. ¿Podrán los albicelestes vencer a este temible equipo africano? Porque ahí estará Ahmed Musa, que hoy marcó un doblete y que muchos temen sea quien aplique el golpe de gracia a Jorge Sampaoli. ¿Será?

Islandia, el equipo de moda, hipotecó gran parte de sus opciones y quedó claro que tiene sus límites cuando debe proponer y no solo defenderse. Pero el próximo rival será Croacia, al que superó en las eliminatorias. El técnico Heimir Hallgrimsson fue sincero: cada vez que se cruzan, ¡hay golpes!