Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Liga de Quito: un gran momento pero, ¿con un gran fútbol?

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Alejandro Ribadeneira,
Comentarista, @guapodelabarra


En dos semanas, Liga de Quito ha dado un salto enorme en la discusión futbolera del país: pasó de ser un plantel cuya mayor expectativa era recuperar algo del protagonismo a ser el equipo vedette, el que atrae las miradas, los elogios y también las críticas. Esto se debe a su (merecido) primer lugar en la Serie A tras 12 fechas, a su angustiante pero emotiva clasificación en la Sudamericana en Bolivia y al influjo de Hernán Barcos, el jugador más linajudo que labora en el país y también el más carismático, que juega mucho aunque también habla mucho, para bien y para mal.

Pero, ¿estamos ante un gran momento de Liga, el mejor desde el subtítulo del DT Luis Francisco Zubeldía, o también estamos ante algo más que pueda traducirse en un título? Porque bastante se comenta sobre el estilo del entrenador Pablo Repetto, un estratega más bien defensivo, que huye del número 10 como si fuera el diablo mismo, para preferir la espera, el encierro y el contragolpe. Liga no juega bien, a pesar de que las consideraciones de eso que se llama ‘jugar bien’ son, en realidad, subjetivas. Revisemos algunas aristas:

1. El éxito no se mide por lo bonito del juego sino por el marcador. Más allá del resultadismo que a algunos les saca granos, la verdad es que lo más importante es ganar, cumplir los objetivos. El arte es un plus, pero los equipos normales, y en Ecuador todos son demasiado normales, apenas cuentan con algún habilidoso que deleite con su trato a la pelota. Ante eso, la Liga de Repetto ha sido más bien un grupo de obreros que, por fin, están sintonizados con el jefe de obra. Salvo Católica, son los mejores copando espacios y aprovechando los pases largos y la velocidad del contraataque. Si no se pierde el ritmo, será muy difícil que Liga no sea finalista. Eso no puede enojar a nadie normal, salvo al nostálgico que vive en el pasado y que considera que las únicas virtudes futbolísticas son las de golear. Pues no. Defender, destruir el circuito del rival y aguantar también son virtudes futbolísticas.

2. Eso sí, Repetto no ha ganado un título con ese estilo. Ha estado cerca, ha rasguñado la gloria, pero mandar al equipo a encerrarse no le sirvió para el paso decisivo, ese que separa a los campeones de los subcampeones. ¿Lo hará por fin con Liga?

3. El partido con Guabirá en Bolivia es un reflejo de la realidad de Liga, que tiene el nivel para intentar ganar la primera fase de la Serie A, que tiene el peso para obtener un resultado espectacular como cosechar 6 puntos en Guayaquil ante BSC y Emelec en el mismo semestre; pero sin la solidez para destacar en la Sudamericana. El pundonor hizo que se consiguiera la clasificación pero se equivocan los que vaticinan que la U será eliminada por culpa del estilo de Repetto. Si resulta eliminada, será porque el equipo no dio para más, sin importar el bendito estilo, porque en realidad no está armado para esta competición, al igual que el resto de equipos de Ecuador. Puede argumentarse que Liga posee la mejor columna vertebral de la Serie A y que eso debería bastar para exigir que se juegue mejor; en realidad esa columna vertebral, aunque poderosa y con oficio, está pensada fundamentalmente para la forma de plantear de Repetto. No se engañen.

4. Barcos, aceptémoslo, se ha pasado un poco de revoluciones al hablar de los rivales, sobre todo de BSC. Un capitán como Barcos, carismático, mediático, con discurso ganador aun perdiendo, le hacía falta a una Liga en que el mayor líder era, no un jugador, sino un dirigente: Rodrigo Paz. Siempre se dijo que el último descenso de la U, en el 2000, se debió en parte a que el equipo se volvió silencioso cuando se marchó (lo echaron) el defensa Bayron Tenorio, quien aportaba enormemente con ese liderazgo sanguíneo, con hablar y animar desde atrás. Tras una capitanía en ‘mute’ de Norberto Araujo en los últimos años, Barcos muestra sus dotes de jefe y animador, además de sus obvias cualidades deportivas. Pero debería enfocarse menos en el rival, porque los capitanes también están para dar ejemplos positivos y eso incluye fomentar el respeto. Puede tomar el micrófono y cantar karaoke si desea, pero la consideración al rival es obligatoria. Con todo, en el país no existe un jugador más espectacular que el ‘Pirata’. Cifuente y Dinneno tienen lo suyo, pero el influjo de Barcos es enorme, decisivo, incomparable, más allá del micrófono.