Soy Paola Gavilanes Venegas, también conocida comoDiotimia en las redes sociales. Empecé a hacer periodismo el 12 de agosto del 2007, cuando aprobaron mi vinculación a la sección de Deportes de Grupo El Comercio. Desde ese día he pasado visitando entrenamientos, mirando partidos de fútbol profesionales y barriales, conversando con deportistas –nadadores, ciclistas, atletas-, entrenadores, madres de familia, aficionados del deporte… Y este blog está creado, precisamente, para escribir de aquello que me gusta y que estoy segura también deleitará a muchos lectores. Escribiré desde mi punto de vista, desde Mi Vereda. En Twitter: @diotimia.

Un mundo sin zombies

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Un niño es decapitado en manos de unos rebeldes sirios, una niña ecuatoriana de 13 años es asfixiada tras ser presa de un violador, una mujer india es ultrajada por cinco hombres, dos de ellos la forzaron hace tres años; un hombre mata a más de 80 personas en Francia… ¿Quieren saber más? No por favor.

Esas, precisamente, son algunas de las atrocidades que se han registrado en lo que va de julio del 2016; han conmocionado a miles de personas alrededor del mundo, que como yo se preguntan ¿por qué los seres humanos van en contra de su naturaleza y se convierten en animales sanguinarios?

Leo todo esto y de verdad empiezo a creer que el mundo se acabó hace muchos años y que ahora estamos inmersos en una burbuja llena de zombies, de esos personajes que aparecen en los filmes de ciencia ficción y que causan pánico, porque su único propósito es comerse unos a otros, y de los que los seres más indefensos tienen que huir para cuidar su vida. En este caso, niños, mujeres, migrantes, ancianos.

Vuelvo a leer esas atrocidades, muchas de esas cometidas en nombre de un Dios, y me pregunto ¿cómo es posible que una persona actúe de esa forma en contra de su prójimo? Escrito sobre piedra está el mandamiento bíblico que dice "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

La frase no da lugar a confusión, sin embargo, algo tan lógico tuvo que ser escrito y tiene que ser recordado cada día para poner límite a la maldad del ser humano.

En un planeta marcado por el egoísmo, la soberbia, la avaricia… el desear respeto, consideración y amor se ha vuelto una completa utopía. Pero aunque el texto muestre un panorama desolador, creo también que aún estamos a tiempo de darle un giro a esa burbuja. Para empezar es necesario aceptar que todos somos iguales, independientemente del color de la piel, del país donde nacimos, de la cantidad de dinero que tengamos, de los ideales que defendamos. Por algo suena la frase: en la diversidad está la riqueza.

Todos llegamos al mundo con un solo propósito: ser felices. Y yo creo que la felicidad se alcanza cuando obramos bien. Si todos nos unimos es posible que lleguemos a los corazones de quienes se creen superiores y se nos unan en esta campaña por hacer de este un mundo mejor, aunque esto último suene trillado. Un mundo en el que las mujeres caminen sin temor de subirse a un bus pasadas las 20:30 en la India, en el que los niños brinquen de aquí para allá sin miedo de encontrarse en el camino con un lobo feroz, en el que los ancianos cuenten con el cariño y cuidado de sus hijos…