Los tatuajes permanecen en el cuerpo porque la tinta se impregna en la dermis, la segunda capa de la piel.

Los tatuajes permanecen en el cuerpo porque la tinta se impregna en la dermis, la segunda capa de la piel. Foto: Cortesía José Martín Muñoz

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El mundo de los tatuajes, más allá de marcas en la piel

David Landeta 
Redactor (I)

El sonido del motor es lo primero que llama la atención de los clientes cuando asisten a un estudio de tatuajes. Ese ruido similar al del taladro de un dentista, pero que no causa pánico, todo lo contrario, trae gratos recuerdos a los aficionados de los tatuajes. Grandes, pequeños, ‘Old School’, que mantienen estilos tradicionales y ‘New School’ en los que destaca el color. Cada grabado es una historia diferente que se queda impresa en la piel.

Un tatuaje está marcado en la piel y no de manera superficial. La aguja traspasa la primera capa de la piel (epidermis) y deposita la tinta en la segunda capa (dermis). Esta es la primera razón para que estos dibujos sean permanente y no se borren con el tiempo, la profundidad en la que se inyecta la tinta.

Paul Aramayo, tatuador quiteño del estudio INKsane Tattoo, explica que la aguja ingresa aproximadamente 3,5 milímetros, pero esta no es una medida estándar, todo está en manos del tatuador. Algunos aplican la aguja con más fuerza o más profundo, dependiendo de la técnica y la experiencia, explica. Otra razón para que un tatuaje permanezca imperecedero en el cuerpo es la tinta.

En el pasado, cuando los tatuajes no eran comunes, se usaban el hollín de las velas o tinta hecha a base de metales pesados que eran perjudiciales de la salud. En la actualidad, la tinta está elaborada a base de elementos vegetales que no son nocivos para la salud, explica Aramayo. Estas tintas se impregnan en la piel y en la sangre, con el paso del tiempo el cuerpo trata de eliminar la tinta, pero las células absorben los pigmentos, que no se eliminan, y se quedan marcados en la dermis.

¿Y si la aguja entra mucho o muy poco en la piel?

Fabian Bantz (izq.) y Percy León (der.) tatuadores de Lions Tattoo Club Quito

Fabian Bantz (izq.) y Percy León (der.) tatuadores de Lions Tattoo Club Quito. Foto: David Landeta/EL COMERCIO

La experiencia es la clave para que los tatuadores sepan hasta dónde deben introducir la aguja cuando están trabajando. Percy León, propietario de Lions Tattoo Club Quito, afirma que uno de los problemas, si la aguja no entra lo suficiente, es que el tatuaje no cicatrice bien o luzca muy débil. Un tatuaje bien hecho tardará entre una y dos semanas en cicatrizar.

Pero si la aguja entra demasiado en la piel también tiene consecuencias. Las líneas pueden lucir brotadas y perder la estética del dibujo, también pueden verse muy gruesas y la tinta esparcirse por la piel. La mejor manera de evitar estos errores es la experiencia del tatuador, asegura Percy León, que lleva más de 13 años perfeccionando su trabajo.

Las agujas de tatuaje, pínceles de metal

Percy León explica que las agujas para tatuar se asemejan a los pinceles usados para la pintura en óleo. Hay agujas anchas, delgadas dependiendo del grosor de la línea que el artista busque imprimir o si se necesita sombrear espacios más grandes o delinear líneas cortas.

Pero las pinceladas de los tatuadores, son algo más que eso. Al tatuarte, las agujas pueden ingresas al cuerpo entre 50 y 3 000 veces, cada una de estas perforaciones depositará una gota de tinta en tu piel.

Las agujas perforan la epidermis activadas con un motor. León explica que este mecanismo es similar a una máquina de coser antigua, con un pedal que va marcando las pulsaciones conforme el operador está pedaleando.

Un tatuaje, más allá de una moda

José Martín Muñoz se tatuó en una de sus piernas la Virgen del Panecillo.

José Martín Muñoz se tatuó en una de sus piernas la Virgen del Panecillo. Foto: Cortesía José Martín Muñoz

José Martín Muñoz, tiene cinco tatuajes en su cuerpo, todos a color y con diferentes estilos. Muñoz asegura que el dolor que sintió mientras se tatuaba era tolerable, aunque eso depende de la parte del cuerpo en el que se dibuje el diseño, asegura.

Uno de sus tatuajes está en su pierna, es una Virgen del Panecillo con dos flores rojas en sus pies, este fue el primero que se tatuó. Tiene otro dibujo en la parte interna del brazo y explica que fue uno de los más dolorosos.

Jonathan Iraheta también tiene varias partes de su cuerpo tatuadas, en total suma nueve diseños y está decidido a que aumenten con los años. Al igual que Muñoz, Iraheta asegura que el dolor de las agujas es tolerable y dice que la sensación es similar a “tocar una batería con la punta de la lengua para comprobar si tiene carga”.

Tanto Muñoz como Iraheta llevan imágenes en su cuerpo que tienen significados especiales y simbolizan sus pasiones, a su familia y momentos difíciles han superado. Para ellos llevar un tatuaje es un tema que trasciende a la estética.