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‘Cuando abrí los ojos estaba en un nicho en el Cementerio de El Tejar’

David Landeta
Redactor. (I)

Si eres un lector suspicaz, probablemente sentencies:  es una historia de ficción. Pero se trata del testimonio de una visita nocturna al cementerio de El Tejar,  entre las calles Gonzalo de Vega y Baños, en el centro de Quito. El singular paseo es organizado por Quito PostMortem con el fin de provocar una “experiencia que alterará tus sentidos”.

Quito PostMortem

Foto: Cortesía Quito PostMortem

Según Antonieta Vásquez y Alfonso Ortiz, en su libro ‘Historia y Arte en El Tejar’, desde el siglo XIX se ordenó que en Quito se levantaran panteones tras los conventos de El Tejar y la Recoleta de San Diego. Ambos lugares, en aquellos años, estaban en las afueras de la ciudad. Antes de la construcción de estos espacios, los cadáveres se sepultaban en los conventos o se colocaban en las fachadas de las iglesias. Sin embargo la ciudad crecía y fue necesario edificar este espacio para el descanso de los restos de los quiteños.

A las 20:00 los callejones del Cementerio de El Tejar solo son alumbrados tenuemente por la luz de la luna, sobre bloques blancos de criptas, vidrios, rejas de metal y adornos de flores, la mayoría marchitas. Al fondo, en sentido oriental en relación al cementerio, está el Centro Histórico de Quito lleno de pequeñas luces ocres, entre campanarios de las iglesias coloniales. El panteón, en principio, es silencioso, hasta que un sonido irrumpe en la noche. No es el llamado del más allá, es el radio de algún vecino que a todo volumen escucha: “María chun, chun, no seas así, dile a tu marido que me amas a mí”.

Tratando de retomar la atención de los presentes, aparece en la oscuridad un personaje vestido con un hábito, similar al de un monje franciscano: en una sola pieza hasta los talones y con una gran capucha café. Aunque el estridente sonido del éxito popular María Chun Chun no deja compenetrarse con el ambiente terrorífico del lugar, saber que vendarán tus ojos y que caminarás en un cementerio, en la noche, sin ver nada hace que sea inevitable sentirse nervioso.

Quito PostMortem

Foto: Cortesía Quito PostMortem

Te colocan la venda y empieza el camino por las criptas del cementerio, como no puedes ver debes tocar con tus manos lo que tienes al alcance para tratar de ubicarte. Así, lo primero que se percibe es el cemento frío, al igual que las rejas de los nichos, también algún pétalo u hoja seca y si, desafortunadamente, apuntaste mal tu mano terminará dentro de un florero con una extraña sensación de agua viscosa.

Conforme el camino avanza, el personal de Quito PostMortem guía a los asistentes por dónde ir, también te alertan cuando estás cerca de una grada o si te vas a golpear contra una pared. La ruta solo tiene una prohibición: no puedes levantarte la venda de los ojos. Sin embargo, si el miedo no te permite continuar la palabra clave es: ‘rojo’.

Quito PostMortem

Foto: Quito PostMortem

De repente sientes que bajas unas gradas, estás seguro que es un lugar cerrado porque ya no se siente frío. Se trata de una cripta, todo está en silencio hasta que la voz de un niño dice: “no tengo mamá”. La frase es solo una grabación de una supuesta psicofonía en un cementerio de la ciudad de Jalisco, sur de México, en la que aparentemente se escucha a un niño decirla y es una leyenda muy conocida en la localidad mexicana. De hecho, la gente del lugar ha bautizado al pequeño como Nachito.

Aunque se conozca de manera anticipada que se trata solo de una grabación, estar dentro de una cripta, vendado los ojos y en la noche te eriza la piel. Luego continúa el camino. Han pasado casi 20 minutos desde que inició el recorrido y estar tanto tiempo con los ojos vendados empieza a jugar con tu mente, cualquier sonido u objeto que roza tu piel te altera los nervios.

Quito PostMortem

Foto: Quito PostMortem

Al final, una de las personas que está guiando el trayecto te pide que te arrodilles y entres en un pequeño lugar gateando. La venda todavía te cubre los ojos, lo único que puedes sentir es una sensación de plástico bajo tus manos, un olor a tierra húmeda y mucho frío. En ese momento, la voz que guió todo el camino te ordena que te quites la venda, cuando lo haces tampoco puedes ver nada, todo está oscuro. Empiezas a salir del lugar, despacio para evitar golpearte y cuando abres bien los ojos te das cuenta que estabas dentro de un nicho en el Cementerio de El Tejar y así termina esta experiencia escalofriante.

Para conocer esta ruta se puede contactar con Quito PostMorten en su página de Facebook. El siguiente recorrido será el 4 de febrero, aunque si logras juntar un grupo de por lo menos seis personas, puedes escoger la fecha que desees para visitar el cementerio. El precio de todo el trayecto es de USD 10. Alexandra Ortega, guía de la organización invita a realizar esta particular aventura y asegura que “explotará tus sentidos al máximo”.