Cada país tienes sus propias costumbres en el momento de dejar propinas en los restaurantes

Cada país tienes sus propias costumbres en el momento de dejar propinas en los restaurantes. Foto: PublicDomainPictures.net

Cuánto hay que dejar de propina, evita momentos incómodos 

Infobae de América (I)

La escena se repite una y otra vez a lo largo de los años y alrededor de todo el mundo. Vacaciones, restaurante, cena y alguno de los comensales suelta la pregunta: "¿Cuánto hay que dejar?" Miradas perdidas, tensión y un problema que tardará minutos en resolverse. La propina es uno de los principales hábitos del turista en sus vacaciones y, sin embargo, aún no adquirió un lenguaje universal.

¿Cómo saber cuál es la cifra ideal para dejarle a un mozo en una trattoria italiana?, ¿qué monto se deja después de saborear una paella en Valencia? ¿Hay que animarse a sacar la billetera en un restaurante japonés? La propina viaja alrededor del mundo sin un patrón definido. En muchos países se calcula del precio total de la comida y su pago es optativo, otros lo incluyen en la cuenta del restaurante y hay algunos lugares en los que hasta es considerada un agravio.

De tal manera, el gigante web de viajes TripAdvisor confeccionó una sección de ayuda para saber cómo afrontar el escenario del pago extra después de un almuerzo o una cena en las vacaciones. La guía se llama 'Tipping & Etiquette' y contiene un perfil de propinas, tanto para restaurantes, hoteles o para acomodadores de butacas en un cine. Se detallan los porcentajes de los precios y las costumbres del lugar a visitar.

"En algunas culturas, uno es tratado como un visitante honorable y jamás esperan que les dieras propina. En otros, pasas a ser parte de la familia, por lo cual lo toman como un insulto", afirmó Wendy Perrin, consejera de viajes de TripAdvisor. De todos modos, el drama tiene solución, siempre y cuando se tomen las medidas preventivas necesarias. Una simple pero oportuna investigación a tiempo evitará posibles malos tragos y hasta podrá ayudar al bolsillo.

El primer consejo es hacer una breve investigación sobre las costumbres de los países. Conocer los porcentajes que corresponden a la propina de antemano puede ser un gran paso. En países como Portugal, Alemania, Turquía o Hungría se suele dejar el 10% del costo total, igual que en Argentina. Sin embargo, En Estados Unidos se maneja entre el 15% y el 20%, mientras que en España, Italia o Francia ya está incluida en el precio del plato y se debe dejar un monto mínimo, simbólico.

En las primeras horas en un nuevo país, siempre se recomienda contactar con un local para hacerle preguntas básicas sobre sus costumbres. La pregunta inadecuada en el momento inoportuno puede arruinar un día o hasta puede llegar a generar un conflicto innecesario.

Países como Japón, por ejemplo, consideran la propina como un insulto. La percepción general es que se trabaja para que el cliente vuelva una próxima vez. Es decir que el mejor gesto que se puede dejar es regresar a comer allí otro día. En China se mantiene una costumbre similar, al igual que Corea del Sur, salvo que el último posee algunos hoteles en los que la propina está incluida en el servicio de habitación.

Es importante disponer siempre de billetes o monedas locales a los restaurantes a los que se vaya. El acudir, por ejemplo, con dólares, puede inducir a que el propio mozo intente sacar una ventaja cambiaría y ponga al cliente en una situación incómoda. "Además, es una señal de respeto. Le demuestras al local que le estás dando valor a su propia moneda", afirmó Perrin.

Hay varios países en los que la propina forma una parte fundamental del turismo. En muchas naciones, en general con crisis económicas, los propios habitantes piden el pago extra por cualquier servicio que ofrezcan. Así, es fácil verse obligado a pagar una propina por un servicio que no lo amerita o por el mero hecho de sentirse amedrentado. Hay que saber diferenciar entre el gesto económico y el soltar dinero libremente.

La clave es forjar un 'modus operandi'. Saber desde un principio qué actividades turísticas ameritan un pago extra y en cuáles hay que aprender a decir que no. Hay una innumerable cantidad de casos en los que un turista se privó de realizar una actividad por el temor a enfrentar el momento de rechazarle una propina a un local insistente.