Imagen referencial. El nivel de popularidad de alguien es medido por la comunidad en que el individuo se desarrolla. Foto: Pixabay.

Imagen referencial. El nivel de popularidad de alguien es medido por la comunidad en que el individuo se desarrolla. Foto: Pixabay.

#laprobadita

No te engañes, también quieres ser popular

A lo mejor se te hace conocida esta escena. Tienes de 12 a 14 años, estás en plena pubertad. Vas caminando por el centro comercial junto a tu mamá para hacer unas compras. Tu madre te toma de la mano o del brazo y tú no sabes qué hacer.


De repente, sientes como si todo el mundo te estuviera mirando y como si las chicas se imaginaran que todavía eres un niño. En realidad, a nadie le importa, pero a ti sí ¿A qué se debe esto? A la obsesión de esa edad por pertenecer a una manada. Mostrar o aparentar independencia es un intento por probar que eres más adulto que niño.

La popularidad es una percepción colectiva. Es decir, la fama o el respeto de algo o de alguien es medida por la comunidad en que el individuo se desarrolla. Todo ser humano busca ser popular, pero es importante destacar que cuando se habla de este término no necesariamente se refiere al cliché hollywoodense de las rubias porristas de la secundaria que hacen la vida imposible al resto de compañeros por no pertenecer a su selecto club de chicas.

Es más bien un sentido de pertenencia a un colectivo con el cual el individuo se identifica. Por ejemplo, si eres un rockero empedernido y rebelde, tu objetivo será ser estimado por una comunidad alternativa que se parezca a ti.

El psicólogo social Manuel Iturralde asegura que existen dos tipos de popularidad interpersonal, que se refiere únicamente a la percepción de los grupos de personas hacia otro individuo.

La popularidad sociométrica es la primera clasificación y se refiere a qué tan querido es un individuo por sus pares. “La popularidad sociométrica está directamente relacionada con el comportamiento prosocial del individuo, que significa una actitud que beneficia a la sociedad como un todo”, explica Iturralde. En esta categoría entra aquel chico que se llevaba bien con todo el mundo en el colegio y con el cual no podías explicarte cómo es posible que alguien tuviera tantos amigos.

Por otra parte está la popularidad percibida, que define a los individuos que son conocidos por ser populares entre sus pares. “Aquí el comportamiento prosocial no aplica, sino todo lo contrario”.

Lo que impera en este tipo de popularidad es, por lo general, el sentido de dominancia del individuo sobre el resto. En este segundo grupo entran personajes como los grandes dictadores de la historia o celebridades un tanto insoportables como Kanye West o Donald Trump.


Según la bióloga Francisca González, la búsqueda de popularidad se origina en el proceso evolutivo de las especies. “La necesidad del ser humano por preservar la especie y dejar descendencia interfiere en los esfuerzos del individuo por ser popular”. En otras palabras, la popularidad se resume en el instinto de reproducción de los seres vivos.

Sin embargo, la popularidad no solamente es un mecanismo de preservación. Según González, las conductas sociales son adoptadas a través de memes (mimética), por lo cual "la popularidad pasa también a un plano social".

Los memes son descritos como el equivalente a los genes en el espectro cultural. La teoría fue desarrollada por el biólogo evolutivo británico Richard Dawkins. La herencia de los patrones culturales depende de la persona y su entorno social. Por esta razón, las personas adquieren actitudes que son bien vistas por el resto de la comunidad en que se desarrolla.

Así que, si eres de las personas que claman no tener nada que ver con los intentos por ser popular, estás algo equivocado. Cada individuo busca ser reconocido en el entorno en que se siente más cómodo. Esto es algo que, simplemente, está en tus genes.