Donald Trump prefiere a los inmigrantes noruegos que aquellos que provienen de Haití o El Salvador. Pero la pregunta es: ¿A los noruegos les interesaría realmente migrar hacia Estados Unidos?

Donald Trump prefiere a los inmigrantes noruegos que aquellos que provienen de Haití o El Salvador. Pero la pregunta es: ¿A los noruegos les interesaría realmente migrar hacia Estados Unidos? Foto: Agencia EFE

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Trump quiere inmigrantes noruegos en vez de haitianos, pero ¿quieren los noruegos migrar a EE.UU.?


Valentín Díaz
Redactor (I)
12 de enero de 2018 21:00

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se vio envuelto nuevamente en el ojo de la polémica el jueves 11 de enero del 2018 al calificar como “agujeros de porquería” a países como Haití y El Salvador, durante una reunión con legisladores en el despacho Oval.

Según recoge el Washington Post, Trump habría dicho textualmente: "¿Por qué tenemos a toda esta gente de países (que son un) agujero de porquería viniendo aquí?". El Mandatario sugirió además que EE.UU. debiera traer más inmigrantes de países como Noruega.

Posteriormente, Trump negó haber dicho que Haití y El Salvador son “agujeros de porquería. El Presidente aseguró: "el lenguaje utilizado por mí en la reunión de DACA fue duro, pero ese no fue el lenguaje empleado. Lo que fue realmente duro fue la extravagante propuesta hecha, un gran paso atrás para DACA".

Ahora bien, Donald Trump prefiere a los inmigrantes noruegos que aquellos que provienen de Haití o El Salvador. Pero la pregunta es: ¿A los noruegos les interesaría realmente migrar hacia Estados Unidos? Para responder a esta pregunta, Afull se puso en contacto con Leandro Villacís y Nora Egeberg, una pareja compuesta por un ecuatoriano y una noruega.

Ellos vivieron juntos en Ecuador durante tres años y actualmente residen en Suecia. Tienen una hija que nació en dicho país. Villacís actualmente trabaja en campos de golf y Egeberg labora en una agencia de viajes. Ellos cuentan cómo es el estilo de vida nórdico y los derechos a los que tienen acceso por el hecho de vivir allí.

Villacís define a Noruega como “un país que trata muy bien a sus ciudadanos y migrantes”. Esto, siempre y cuando el extranjero “tenga su número personal (identificación) y el ciudadano haya pagado todos sus impuestos”.

El acceso a la educación en Noruega es gratuito y universal. No depende del sector donde estén ubicadas las escuelas. “No hay muchas escuelas privadas en Noruega. Las que existen son escuelas alternativas tipo Montessori. Pero la gente con más recursos manda a sus hijos a escuelas públicas, que son muy buenas”, explica el ecuatoriano.

Egeberg asegura que, como en todo el mundo, “hay sectores que tienen más dinero que otros”. Esto, sin embargo, no significa que la calidad de la educación cambie por sector. “Un profesor que trabaja en el centro de Oslo gana lo mismo que uno que labora en las afueras de la ciudad. Tal vez varía en infraestructura. Algunas escuelas quizá no tienen piscina, pero los estudiantes pueden ir a otra que sí la tenga. Ella resalta la igualdad para los extranjeros. “Pueden entrar al gimnasio o a la biblioteca, los estudiantes tienen los mismos derechos”. Además, en los planes de educación se incluye una malla de estudios que debe tener todo el país.

Por el lado estadounidense, un estudio de 2014 del Government Accountability Office (GAO) en Estados Unidos reporta que alrededor de 20 millones de estudiantes, de las zonas más vulnerables en el país, cuentan con educación pública aislada en el aspecto socioeconómico.

Volviendo a Noruega: la educación superior es gratuita para los residentes. Lo que no es gratis son todos los gastos extra que conllevan los estudios superiores. Sin embargo “si tú vas a la universidad, el gobierno te da un crédito para que cubras tus gastos como libros o para vivir. Pero, en sí, la educación es totalmente gratuita”, asegura Villacís.

Un estudio de la revista Forbes calculó la deuda estudiantil con la que cargaron los estadounidenses en 2017. En total, son USD 1,3 billones. Un estudiante promedio en 2016 contaba con una deuda de USD 37 172.

Aunque la salud no es totalmente gratuita en Noruega, esta tiene un precio simbólico. Villacís asegura que, después de recibir atención médica, puede llegarte una factura que bordea los USD 12 o 13. Según el ecuatoriano, “un hospital público promedio es similar a una clínica privada de élite en Quito”.

Un estudio de la revista médica The Lancet sobre el acceso a la salud en Estados Unidos concluye que los estadounidenses con mayor poder adquisitivo superan en 15 años la esperanza de vida que aquellos ciudadanos más vulnerables.

En cuanto a remuneraciones por trabajos, Villacís asegura que el sueldo por trabajos primarios, como las personas que realizan el aseo en casas, edificios o en el metro, reciben un pago promedio de USD 18 por hora. En Estados Unidos, el salario básico por hora depende del estado donde la persona resida. En California y Nueva York bordea los USD 10,50 por hora, mientras que en Wyoming o Georgia es de USD 5,15. La propuesta de campaña del exprecandidato presidencial, Bernie Sanders, era la de subir el ingreso básico a USD 15 por hora en todo EE.UU., pero la idea quedó archivada junto con su candidatura.

Nora Egeberg cuenta que el seguro social noruego se llama NAF. “Si te quedas sin trabajo, ellos te dan un sueldo básico de unos USD 2 500, pero te presionan para que encuentres empleo. Ellos te ayudan y te guían. Si tu hoja de vida no está bien organizada, te la organizan y te dicen dónde puedes ir a dejarla. Ellos te dan el dinero con la condición de que tú demuestres que estás buscando trabajo”. En contraste, un estudio de 2015 del Economic Policy Institute asegura que solo un 23,1% de las personas desempleadas en Estados Unidos tienen acceso a beneficios de cesantía.

En cuanto a jubilaciones, la noruega cuenta que “si has trabajado bastante y has pagado tus impuestos, tienes una buena jubilación. En cambio, si has trabajado poco tienes una pensión baja, pero que te permite sobrevivir. Cuando una mujer decide ser ama de casa durante su vida, el Estado le da una jubilación mínima de unos USD 1 000”. En EE.UU, la mitad de las familias cuentan con menos de USD 5 000 en sus cuentas de jubilación, según otro estudio del Economic Policy Institute.

Leandro Villacís cuenta que en Noruega tiene sensación de seguridad. “Hay criminalidad en ciertos barrios, pero es muy baja”, afirma. Y da un ejemplo: “Si uno deja un teléfono sobre la mesa en un restaurante puede estar seguro de que al regresar va a estar allí”. Al otro lado del Atlántico, en el país del sueño americano, el 2016 fue el año en que la percepción de inseguridad llegó a su nivel más alto en 15 años. 53% de los estadounidenses tomados en cuenta para un sondeo de la encuestadora Gallup dijeron estar preocupados por el crimen y la violencia.

En septiembre del 2017, un expolicía noruego fue sentenciado a 21 años de prisión por colaborar con una asociación de tráfico de drogas. No obstante, a pesar de este caso “aislado”, Villacís comenta que “la gente confía totalmente en la Policía. En cualquier situación en que te sientas en peligro, puedes hablar con un uniformado y te ayudan”. En EE.UU., la situación es diferente. Otro estudio llevado a cabo por Gallup concluye que la confianza de los ciudadanos en la policía estadounidense tuvo el pasado 2017 su nivel más bajo en 25 años. Solo un 57% de los encuestados aseguró tener un gran nivel de confianza en las fuerzas del orden.

Afull le preguntó a Nora Egeberg si estaría dispuesta a migrar hacia los Estados Unidos por un trabajo con el mismo sueldo que recibe en Noruega o Suecia. “No me cambiaría por nada del mundo a vivir en Estados Unidos por el mismo sueldo. Mientras el presidente Donald Trump esté en el poder, por ningún motivo”, respondió. En esa decisión coincide su pareja ecuatoriana. “Yo tampoco me cambiaría, porque en los países nórdicos no me he encontrado con racismo ni en los buses ni en el metro. Acá hay muchas oportunidades y siento que es un país mucho más seguro y tranquilo”, destaca Leandro Villacís

Egeberg concluye que Noruega está muy agradecido con sus inmigrantes, pues sus habitantes “reconocen que su país pudo levantarse gracias a la inmigración polaca. En los países nórdicos ves bastante gente de Polonia trabajando. Los inmigrantes hicieron el trabajo que los noruegos no querían hacer”.