12 de March de 2010 00:00

En la zona costera de Esmeraldas no hay capacitación, pese al temor

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Redacción Esmeraldas
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El temor de la esmeraldeña Maribel Díaz aumenta. Desde finales de febrero  ella  observa  que sus vecinos corren a las calles, diciendo que una ola gigante se aproxima.

Es un  rumor que en tres ocasiones se ha propagado en el balneario Las Palmas. Sus habitantes están pendientes del comportamiento del mar, que por los aguajes  incrementó  su nivel.

No se han activado las alertas de emergencia, pero la población está preocupada tras el terremoto de 8,8 grados ocurrido en Chile, el 27 de febrero, que ocasionó un tsunami en ese país.
 
Díaz reconoce que el riesgo es inmenso, pero no sabe cómo actuar si el mar llega con más fuerza. “No han venido a capacitarnos. No sabríamos qué hacer”.
Otros factores  también acentúan los  temores. “Hace mucho calor y no sentimos el viento normal de la playa. Eso me parece extraño. Mi madre no podría salir corriendo, por que  tiene un problema en el corazón”.

Por esa razón, la madre  de  Díaz, quiere mudarse al campo después de 20  años de vivir junto a la playa. Considera  que en San Vicente, un recinto de   Rioverde, estará más segura.

La población de los balnearios de Esmeraldas reclama capacitación y orientación de las autoridades y técnicos en prevención de riesgos. Éder Rodríguez reconoce que está  asustado. Vive desde hace 30 años junto a la playa de Palestina, en Rioverde.

Como Presidente de la Cooperativa de Pescadores Perla del Pacífico, ha solicitado a las autoridades cantonales charlas sobre cómo reaccionar en caso de un terremoto o de un tsunami. No ha tenido respuesta.
 
“Somos pescadores y respetamos el mar. Sé que estamos propensos a un tsunami, por eso pedimos ayuda  a las autoridades para que  nos indiquen adónde debemos correr”.

A pocos metros está Delio Olivero Jurado,  un pescador que vive allí desde hace 17 años. Él mira con preocupación al mar. “Antes dormíamos tranquilos, ahora no. Al mar  no lo vemos como amigo”.

Asegura que necesita orientación para actuar en  un  desastre natural. “Con mis hijos hemos resuelto que en caso de un terremoto tenemos que salir corriendo y subirnos a la loma, que está  a 100 metros de la casa”.

En todos los cantones de Esmeraldas es igual. No hay planes para afrontar fenómenos naturales ni equipos de socorro.

En Atacames, donde se encuentran las edificaciones más altas y a menos de 100 metros de la playa, la Dirección del Ministerio de Turismo anuncia que alista
charlas para capacitar a la población y principalmente a los turistas.

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