8 de diciembre de 2014 20:39

‘Yasunidos’ vive otro ambiente en cumbre climática

Los miembros de Yasunidos planifican las acciones para la Cumbre de los pueblos. Foto: Ana María Carvajal /EL COMERCIO

Los miembros de Yasunidos planifican las acciones para la Cumbre de los pueblos. Foto: Ana María Carvajal /EL COMERCIO

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Redacción Sociedad (I)

Se propusieron llegar a Lima para participar en la Cumbre de los Pueblos y lo lograron, pese a las dificultades. La ‘Caravana Climática’ que salió el 2 de marzo pasado desde Sonora, en la frontera norte de México, con rumbo a la capital peruana, logró su objetivo la noche del 5 de diciembre.

La cumbre, que se inauguró ayer, 8 de diciembre, es una actividad paralela a la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP 20. El viaje empezó entre cinco personas, pero en el camino se sumaron más. Alcanzaron su destino final 27, luego de encontrarse con más activistas ambientales en su recorrido por nueve países.

En Ecuador, la mexicana Lucía Ramírez se reunió con gente como Ana Setarra, Karen Altamirano, Patricio Chávez o Elena Gálvez, de Yasunidos, con quienes continuaron el viaje.

A estos grupos los unen tres objetivos de lucha: mantener el crudo bajo tierra, luchar contra la mercantilización de la naturaleza y de la producción de energía a través de hidroeléctricas. En Lima se encontraron con gente que comparte su pensamiento.

Jahir Anicama es veterinario peruano y además se describe como un activista socio ambiental. Es parte de un nuevo colectivo llamado Tierra Activa Perú y uno de los anfitriones en la Casa Activa, un lugar habilitado temporalmente y concebido como un sitio de convergencia entre personas de cualquier parte del mundo que tengan ideas y causas sobre cuidado del medioambiente.

Allí se hospedan desde anoche la mayoría de los ‘yasus’. Es una construcción con patios, terrazas y pequeños cuartos que a veces son talleres de arte, salas de reuniones o dormitorios.
Las personas conviven allí bajo la filosofía del compartir. Por eso, algunos de los viajeros se reunieron a partir de las 11:00 de ayer a cocinar en un espacio llamado ‘Comida Consciente’: platos vegetarianos que se venden a 5 nuevos soles (USD 1,70 aproximadamente).

Anicama respalda la causa de los Yasunidos, que llegaron a Lima para denunciar a escala internacional el fin de la iniciativa Yasuní-ITT y por la decisión del Gobierno ecuatoriano de iniciar la explotación petrolera en ese parque nacional. Considera que lo de este colectivo es un ejemplo de lo que es una lucha vinculada a la territorialidad.

“La lógica del mercado prevalece y venció a Correa. Ese proyecto era como una luz al final del túnel, en el contexto de la proximidad que había de un nuevo acuerdo global”. Se refiere al preacuerdo de la COP 20, en Lima, como base para la COP 21 de París, con el fin de reemplazar y avanzar en lo firmado en el protocolo de Kioto, frente al cambio climático”.

Los Yasunidos pintaban ayer carteles que usarán para la Marcha Mundial en Defensa de la Madre Tierra, que se realizará mañana, desde las 09:00. También, preparaban acciones con las que pretenden llamar la atención de delegaciones internacionales frente a su reclamo.

Ahora han sumado una causa más a su lucha. Ellos exigen que se libere la casa rodante de Cristian Rosendalh Guerrero y que cese lo que consideran una persecución en su contra.

El vehículo los iba a llevar hasta Lima para participar en el encuentro mundial, pero, según el testimonio de Ana Segarra, fue detenido al menos siete veces en su viaje desde Quito. Ahora, Rosendalh puede recibir una sanción de hasta tres años de privación de libertad y una multa de USD 5 000.

Durante su permanencia en Lima tienen previsto reunirse con autoridades y activistas de otros países del mundo, entre los que se encuentran los parlamentarios alemanes que no pudieron ingresar al país por decisión de las autoridades ecuatorianas.

Julián Estrella, de Cuenca, dice que el viaje ha sido complicado pero es un escenario importante para visibilizar su causa. Sin embargo, considera necesario denunciar que los presidentes de gobiernos latinoamericanos considerados como progresistas están intentando apropiarse de una cumbre que es valorada por ser una iniciativa ciudadana.

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