27 de December de 2009 00:00

Y ahora, ¿qué?

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Editorial Diario El Comercio

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Lamentablemente se equivocaron los ciudadanos que mantenían la esperanza de que el Régimen reaccionaría de manera serena frente al clamor nacional contra el cierre de Teleamazonas y La Voz de Arutam.

Cuando el Gobierno se reafirma y hasta felicita a las autoridades por las decisiones tomadas contra la libertad de expresión hay que empezar a preocuparse mucho más profundamente por lo que pudiera ocurrir en el futuro cercano.

Si quienes conducen el país escucharan más allá de su entorno íntimo, se darían cuenta de que la condena por la clausura de los dos medios (uno de ellos reabierto) proviene, incluso, de sectores que comparten su ideología.

Las opiniones del ex Presidente de la Asamblea de Montecristi, de asambleístas del oficialismo y del grupo Ruptura 25 no parecen ser suficientes para que el Régimen cambie su reiterado discurso contra lo que denomina “poderes fácticos” y “medios de comunicación social de la burguesía”.

Se engaña a la opinión pública cuando se afirma que cualquier acción o pronunciamiento de rechazo al abuso y arbitrariedad del poder tiene como propósito oculto echar abajo un proyecto o representar los intereses de la “derecha” o de “la larga noche neoliberal”.

Si bien es cierto que la prensa comete errores y que en ocasiones le hace falta un trabajo más prolijo, de ninguna manera esto le da a ningún Gobierno el derecho de atribuirse el papel de un censor de la información que los ciudadanos deben recibir, mucho peor cuando el Régimen cuenta con una red mediática oficialista cuyos contenidos están contaminados de visiones sesgadas de los hechos.

La Asamblea tiene la obligación de mantener el acuerdo legislativo para lograr una Ley más democrática.

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