11 de December de 2010 00:00

Wikileaks y diplomacia

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José Ayala Lasso

Los 250 mil documentos filtrados al público por Wikileaks han dado lugar a los más variados comentarios. Este singular episodio puede autorizarnos a sacar algunas conclusiones:

Es sorprendente y preocupante que una organización privada haya podido romper la seguridad de los archivos reservados de la primera potencia mundial, lo que demuestra que en la actualidad no hay secreto oficial escrito que esté a salvo. Es preocupante pensar en las posibles violaciones de derechos humanos vinculadas al desarrollo de la informática, así como en los resultados que produciría la tentación de establecer normas que, a su vez, estarían cargadas de peligros.

Las notas diplomáticas son cada vez menos indispensables puesto que el acceso a la información se amplía permanentemente para todos. Sin embargo, el juicio crítico y la interpretación de los hechos siguen siendo irreemplazables. Podría ocurrir que, ante la eventualidad de nuevos Wikileaks, los diplomáticos sean más cautos o caigan en la pendiente de la autocensura.

Las filtraciones de Wikileaks con juicios sobre algunos gobernantes pueden crear situaciones incómodas, pero no deberían interferir en la política exterior. Las descripciones peyorativas sobre Berlusconi, Medveded o Cristina Kirchner carecen de contenidos capaces de afectar las relaciones de sus países con los Estados Unidos. Las revelaciones relativas a complejos problemas internacionales, como el criterio del Rey saudita sobre una eventual intervención militar para destruir el poder atómico de Irán o ciertos juicios de sustancia sobre el problema árabe-israelí, si pueden producir cambios difíciles de manejar, aunque, en el fondo, no añadan nada a lo ya conocido por analistas y políticos. Los datos que eventualmente impliquen intervenciones indebidas en asuntos de política interna de los Estados justificarían el rechazo y la crítica.

La historia diplomática está llena de revelaciones que, años después de los hechos, tienen un interés histórico. Los Wikileaks tocan temas de actualidad, van más allá de la anécdota y pueden ser sabiamente utilizados.

Será necesario conocer los documentos sobre el Ecuador -más de 1600- para pronunciarse. La actitud del Presidente Correa, en cuanto prudente, ha sido acertada. No así la del Vicecanciller quien ofreció domicilio, sin ningún requisito, al autor de los Wikileaks. Correa le desautorizó y, de manera implícita pero obvia, también al Canciller Patiño y al Presidente de la Asamblea Cordero. Para completar el panorama, la Cancillería ha rectificado la noticia de que el Ecuador pidió (¿formalmente?) en la reunión de Mar del Plata, condenar a Estados Unidos, lo que habría sido rechazado por Argentina, Brasil, Chile y México.

En todo esto es claramente identificable el tufo ideológico.

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