14 de October de 2012 01:32

La Web 2.0 cambia vidas en la región

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¿Dónde ve usted las fotos del último paseo con sus amigos? ¿Cómo se entera de que alguno tiene una nueva relación sentimental? ¿Cómo llegan a usted las noticias de última hora sobre lo que sucede en cualquier rincón del planeta? ¿En qué espacio discute el tema político del momento?

Cada vez más latinoamericanos dan la misma respuesta a estas preguntas: mediante las redes sociales de Internet. Los usuarios más avanzados van más allá y le podrían contar que consiguieron su trabajo actual gracias a una de ellas -LinkedIn- o que han encontrado en otra -Instagram- el mejor de los sitios para explotar su faceta de fotógrafos aficionados, ganando decenas, centenares o incluso miles de seguidores.

Las redes sociales de Internet están cambiando el mundo -y Latinoamérica en específico- en muchos ámbitos que incluyen desde algo tan privado como el momento en que una persona comienza un noviazgo hasta algo tan público como un político en el momento de dar cuentas a quienes les dan su voto.

Con casi 109 millones de usuarios en la región, Facebook es la favorita de los latinoamericanos. Incluso en Brasil, donde la red Orkut de Google había sido la preferida hasta hace algunos meses, la opción de Mark Zuckerberg ya es la más usada.

Bastante más abajo -pero con un nicho nada despreciable de 33 millones de personas y un crecimiento de 60% en el último año- se encuentra Twitter, el sitio de microblogueo donde muchos presidentes, ministros y alcaldes de la región están informando directamente a los ciudadanos sobre su labor y opinando sobre lo que sucede en el mundo.

Crecimiento junto al móvil

Las redes sociales se comenzaron a popularizar en Estados Unidos hace ya casi una década. Sitios como MySpace y Hi-5 empezaron a mostrar un cambio de actitud tras los primeros años de uso de Internet y la llegada de los nativos digitales: se perdió el miedo a compartir lo personal en la red de redes y el concepto de privacidad se diluyó un poco ante la posibilidad tecnológica de poder ver y saber lo que amigos, familiares y conocidos estaban haciendo día a día, así como de enterarlos de todo lo que uno mismo hiciese o dejase de hacer.

Junto a la llegada del gigante mundial de las redes sociales, Facebook, Latinoamérica comenzó a vivir un aumento en la penetración de Internet que de otra manera haría inexplicable el fenómeno. Pero, si algo le ha dado un empujón a la penetración de redes sociales en los últimos años ha sido el aumento específicamente en la penetración de Internet móvil, algo que, además, no hará sino aumentar en los próximos años.

Mientras en el 2010 había 52 millones de conexiones móviles a Internet de banda ancha en la región, ese número pasará a cerca de 100 millones este 2012 y se espera que alcance 344 millones en el 2015, según análisis de la Asociación GSM.

Esta asociación, que une a la mayoría de fabricantes y a operadores telefónicos del mundo, califica de “espectacular” el ritmo de crecimiento de la banda ancha móvil en América Latina, un continente con grandes desigualdades y altos índices de pobreza donde millones de personas están encontrando en los celulares, cada día más baratos pero con más funciones, la manera de entrar a Internet y, por ende, a las redes sociales.

No en vano la tecnología de redes móviles de tercera generación (3G) es desde el 2010 la tecnología con mayor cantidad de usuarios en Latinoamérica para conectarse a Internet y al 2011 ya contaba con más de 65 millones de suscriptores.

La tecnología que le sigue, el xDSL, apenas alcanzaba 35 millones de suscriptores, según la Asociación GSM.

La penetración de ‘smartphones’ es de 20% en la actualidad, pero será de 60% en el 2018.

Junto a la cantidad de suscripciones aumenta también el tráfico de datos. Según el mismo estudio, en Latinoamérica en el 2010 se traficaron móvilmente cada mes 12 Petabytes (22 Mb per cápita), en el 2012 alcanzará los 60 Petabytes y en el 2015 deberán ser de 488 Petabytes (equivalentes a 850 Mb per cápita).

“Las tecnologías de banda ancha móvil están conectando a muchos de los latinoamericanos sin conexión, y a la vez actúan como catalizadores para el desarrollo e innovación en el continente. Debido a la limitación de crecimiento de banda ancha fija (particularmente en zonas rurales), la banda ancha móvil ofrece la oportunidad de brindar a la población su primera experiencia de acceso personal a Internet y así cerrar la brecha digital”, indica el informe 2011 de la Asociación GSM sobre Latinoamérica.

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Consecuencias

Para los especialistas, la importancia del acceso a la banda ancha, sea por conexiones fijas o móviles, ya están cambiando el entorno comunicativo, social, cultural, económico y político de las sociedades latinoamericanas.

Un informe publicado en septiembre por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) la propone incluso como una manera de lograr los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas.

Por ejemplo se ha llegado a calcular que un incremento de 10% en la penetración de la banda ancha aumenta 1,38% el Producto Interno Bruto de un país, lo cual puede ayudar a la reducción de la pobreza.

También ayudan al objetivo de una educación universal y de mejor calidad. Países como Perú y Uruguay han lanzado programas para entregar computadoras portátiles a estudiantes de primaria y secundaria y profesores, y convertirlas en una herramienta educativa básica, que además permite conectarse con el mundo a través de diversos canales.

Otras organizaciones han encontrado en el uso de la banda ancha un aliado para informar sobre enfermedades como el sida entre gran cantidad de personas, mientras que un estudio de The Climate Group probó que su utilización puede reducir el uso de energía y el consumo de agua en algunas comunidades.

También se presentan oportunidades como la mayor creación de trabajos “con la posibilidad de desarrollar cientos de miles de aplicaciones y contenido que puede ser usado por cualquier conectado a Internet”, afirma Carlos Slim, el multimillonario mexicano dueño de un imperio en telecomunicaciones que llega a toda la región.

“El cómo trabajamos, y el cómo nos pensionamos, tendrá que cambiar. Tienen que hacerse cambios sociales estructurales, y rápido, para evitar el deterioro en los estándares de vida, desempleo y problemas socioeconómicos y políticos, así como la crisis”, añade Slim.

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