18 de enero de 2017 14:32

Pesántez, la Fiscalía fue su plataforma para saltar a la arena política

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Geovanny Tipanluisa

Eran los años 60. En Achupalla,una parroquia de Alausí, en Chimborazo, había una fuerte influencia de las radios guayaquileñas en AM. Por eso, desde pequeño a Washington Pesántez le gustaba el Barcelona y recuerda claramente las jugadas de Ansaldo, Lecaro, Quijano y el chanfle Muñoz.

El exfiscal conoció a su esposa en Lovaina-Bélgica. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

El exfiscal conoció a su esposa en Lovaina-Bélgica. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Cuando tenía cuatro años perdió a su madre y los cinco hermanos crecieron con Arturo Pesántez, su padre, un agricultor que murió en el 2010.

De niño jugaba como centro delantero. Y como vivía en la plaza pública era el “dueño de la cancha y de la pelota”.

Hoy Pesántez también aspira ser el dueño del balón, pero en la cancha política. Quiere llegar a la Presidencia, de la mano de Unión Ecuatoriana.

Aunque han pasado décadas, Lidia Hernández lo recuerda todo. Ella fue su profesora de primero a sexto grado, en la escuela 14 de Julio. Cuando terminó la primaria abandonó el pueblo y viajó solo a Pujilí, en Cotopaxi. Allí comenzó la secundaria en el Belisario Quevedo y la terminó en el Juan Montalvo de Quito.

Se graduó como profesor y a los 19 años volvió a Chimborazo para dar clases en San Francisco, una comunidad indígena de Guamote. Todos los días viajaba dos horas desde Riobamba: una en bus y otra a pie.

41 años después, sentado en el estudio de su casa, en el Pinar Bajo, un barrio de la clase media quiteña, cuenta cada detalle de esos momentos.

Afuera de la vivienda, comprada en 1994, lo espera su chevrolet 4X4, que tiene desde el 2008. Dice que son bienes que le han dejado sus 40 años de trabajo. Ahora él tiene su estudio jurídico, en donde emplea a 12 personas. Y Aliz Borja, su esposa desde hace 25 años, se dedica a la consulta médica privada, tras dejar el Baca Ortiz.

En el 2015 declaró USD 10 235 por Impuesto a la Renta y del 2013 al 2014 tributó USD 6 125.

Con el 4X4 se ha movilizado por el país para recoger firmas cuando conformaba Unión Ecuatoriana-Lista 19 y para formar las directivas.

Calcula que para gastos como este manejan un fondo de entre USD 40 000 y 60 000 de aportantes voluntarios.

Su lista de ofrecimientos si llega a la Presidencia es larga: recuperar las libertades, respetar las funciones del Estado, mantener el bono de la solidaridad a cambio de capacitación, etc. Ya en el poder “establecerá contacto con el pueblo cada 15 días”, pero para informar solamente “hechos de interés general”.

El plan de gobierno de Pesántez tiene 30 páginas y allí diagnostica a Ecuador como un país en el que hay “dos millones que viven con un dólar diario”, y que hay un “azote de la delincuencia”.

Este exfiscal general del Estado, que en el 2010 estuvo a punto de ser sometido a un juicio político por abuso de poder y sospechas en la selección de personal, asegura que cambiará este panorama.

Quienes lo conocen están convencidos de aquello. Su excompañero de colegio Luis Padilla lo elogia con calificativos como dedicado, persistente, responsable y frontal.

Pero entre sus detractores está Virgilio Hernández, uno de los cuatro asambleístas de AP que impulsó el fallido juicio en la legislatura. Él lo tilda como un hombre “sin ningún altruismo” y que “no se detiene ante nada”.

En las fotos promocionales aparece con uno de los 30 ternos hechos por el sastre Mario Narváez. Siempre lleva camisas impecables y mancuernas, pantalones sin pliegues.

Así, con ese estilo formal, lo conoció su esposa en Lovaina-Bélgica. Era a finales de los ochenta. El exfiscal había llegado a cursar un posgrado en Criminología y ella en Oncología Pediátrica. Desde entonces ella supo que su pareja es un amante de los boleros, de Julio Jaramillo, y del hornado. Cuando lo vio por primera vez vestía pantalón de tela, saco rojo y chompa para el frío. Era el que más formal lucía entre los jóvenes que, como Rafael Correa, estudiaban en ese país. Pero también hay fotos de él con calentador deportivo.

Pocas veces deja el traje. En medio de su campaña, el lunes llegó al mercado 9 de Octubre, en Cuenca. Entró con terno y corbata y desayunó morocho.

Con vestimenta similar se presenta en televisión y recuerda el intento de juicio o el escándalo porque a su esposa la involucraron en un accidente de tránsito. Luego de un juicio se determinó que el culpable era un policía de la seguridad, que fue sentenciado.

En ese percance murió Natalia Emme, una chica de 26 años. La mujer dejó huérfano a un niño que ahora tiene 14 años y vive con su abuelo Toni. Él aún espera alguna compensación para el adolescente: que le cubran los estudios hasta la universidad y una casa para vivir.

Así transcurrió el 2010 y en el 2011 renunció a la Fiscalía. Poco a poco comenzó a perfilarse su candidatura a la Presidencia. Recibió el apoyo, por ejemplo, de las Juntas del Campesino, un grupo que en el 2010 fue observado por la ONU, acusado de presuntos abusos contra los comuneros. En 2014 finalmente se funda Unión Ecuatoriana y empiezan a aparecer los primeros nombres para candidaturas. Uno de ellos es, precisamente, el presidente de estas Juntas, Raúl Vayas. Él es candidato a asambleísta nacional. “Lo que dijeron de nuestro grupo no lo demostraron”.

Otro que está en campaña es Bosco Solórzano, el hombre que durante el intento de juicio político fue señalado, porque supuestamente ofrecía cargos a cambio de evitar la sanción al entonces Fiscal. “No me encontraron nada”, dice. Por eso se lanzó como candidato para asambleísta por Manabí.

De esa provincia también salió el binomio de Pesántez, Álex Alcívar, un ingeniero agrónomo que en el gobierno de Gutiérrez fue enjuiciado por presunto peculado. Recuerda que la justicia lo absolvió. Hoy este binomio difunde la llamada Tercera Vía: ni el continuismo ni el pasado, sino tener “un país democrático”.

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