24 de April de 2011 00:00

W. S. Journal espera

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En junio del 2009 el jefe de Estado anunció públicamente su decisión de demandar al Wall Street Journal a menos que en el plazo de una semana el diario se retractara o probara como ciertas algunas aseveraciones hechas por la columnista Mary Anastasia O’ Grady. Ella, en su artículo titulado ‘Ecuador’s Chávez’, del 22 de ese mes, había criticado a Obama por mantener una política amistosa hacia el Gobierno ecuatoriano a pesar de los vínculos del Presidente ecuatoriano y su Gobierno con las FARC. La afirmación de O’Grady de la complicidad del Presidente con ese grupo de narcoguerrilleros tenía como sustento, según ella, la información de la famosa computadora de Raúl Reyes.

En el proceso de criminalizar la libertad de expresión, que se ha inaugurado en nuestro país -no menos grave que aquel de criminalizar la protesta social-, la afirmación de O’Grady calza en esa letanía que ya comienza a sernos familiar: honra mancillada, injurias calumniosas, falta de pruebas, delito contra el honor, dignidad de la autoridad, prisión y, según los últimos y novedosos aportes jurídicos, responsabilidad penal de los directores del diario por no haber censurado la opinión del columnista y hasta coautoría penal de la sociedad mercantil editora. Y, por supuesto, los consabidos millones de dólares, libres de impuesto.

Pero han pasado casi dos años y el Wall Street Journal no solo que no se retractó ni presentó las “pruebas” exigidas sino que sigue esperando la querella. La autora del artículo de opinión, los directores del diario y la sociedad mercantil que lo publica ya deberían estar acusados penalmente y a todos ellos se les debería haber pedido al menos mil millones de dólares, en vista de la enorme circulación que tiene ese prestigioso diario. (Aunque no sabemos si libres de impuesto').

Y no es que no existan allá leyes que castiguen la difamación e injurias. La demanda de “libel”, que se presenta cuando se difama a través de medios de comunicación colectiva, es harto conocida en los foros estadounidenses. ¿Por qué entonces el Wall Street Journal no ha sido demandado aún?

Lo más probable es que al Presidente se le habría explicado que en Estados Unidos, afirmaciones como las de O’Grady no constituyen delito alguno; que sus comentarios giraban alrededor de hechos públicos de trascendencia política -y no de asuntos privados- donde su aseveración, por muy ofensiva que a él le parezca, está legalmente protegida; que los directores de los diarios no tienen la obligación de censurar a los columnistas sino al contrario; y que las sociedades mercantiles editoriales no son penalmente imputables por supuestas injurias de un columnista; y que, en definitiva, sería una irresponsabilidad y abuso procesal presentar una querella semejante, y de paso solicitar prisión para unos y millones para él. Y para que no piense que estas cosas son novelerías típicas de los gringos, seguramente le recordaron al Presidente que lo mismo sucede en América Latina, Europa y África desde hace varias décadas.

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