8 de mayo de 2016 13:03

Voluntarios retornaron a Zaruma tras ayudar en albergues de Bahía

Un grupo de voluntarios zarumeños regresó a su ciudad, después de haber ayudado con un comedor a los damnificados por el terremoto en Bahía de Caráquez. Foto: Víctor Muñoz/ EL COMERCIO

Un grupo de voluntarios zarumeños regresó a su ciudad, después de haber ayudado con un comedor a los damnificados por el terremoto en Bahía de Caráquez. Foto: Víctor Muñoz/ EL COMERCIO

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Isabel Alarcón

Aunque la sazón manabita es inconfundible, el sabor de Zaruma será difícil de olvidar para los afectados por el terremoto en Bahía de Caráquez.

Los voluntarios de la provincia de El Oro se hicieron conocidos en esa ciudad. Viajaron más de 10 horas con un solo objetivo: ayudar en los albergues. Entre los voluntarios están Mario Villareal, Carlos Pineda, Kléber Zambrano y Norman Ortega.

Su día inicia a las 05:00. Preparan el desayuno y luego el almuerzo y la cena. En un inicio su idea era solo ayudar con la preparación de las comidas al medio día, dice Ortega, uno de los voluntarios. Pero, al ver la necesidad de los afectados decidieron cocinar las tres comidas. Dejaron a sus familias, su hogar y su trabajo. Y el fin de semana ya retornaron a sus lugares de residencia.

“Los vamos a extrañar”, dijo Génesis Ramos, una de las afectadas. Al cumplirse ocho días de su labor, llegó el día de partida de los zarumeños. Esperan que otras personas lleguen a continuar con su trabajo. Los voluntarios dicen que les preocupa que los damnificados no tengan aún dónde cocinar cuando ellos partan.

El grupo trajo cocina, refrigerador y ollas pero son artículos que deben llevárselos de vuelta porque muchos son prestados. Durante los últimos días pudieron capacitar a algunos de los habitantes del refugio para que puedan seguir con la preparación de alimentos cuando ellos no estén. En agradecimiento los afectados les entregaron un cartel: “Jamás encontraremos las formas de agradecer el apoyo, Dios les pague”.

Fue una forma de agradecer la ayuda y mantener viva la fe, dice el teniente coronel Edwin Cañizares, encargado de este albergue. Orgulloso de su labor cuenta que cada noche organizan diversas actividades, pero la del sábado en la noche fue especial.

Hubo una celebración religiosa, abrazos, llanto, adioses. Hasta les dedicaron al final la canción Amigo de Roberto Carlos.

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