17 de noviembre del 2015 00:00

Familias enteras se mudan para alejarse del riesgo por el volcán

Selva Alegre casas

Alexandra López buscó un departamento en Albornoz para su familia. Dejó Selva Alegre. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Valeria Heredia
Redactora (I)
jheredia@elcomercio.com

Los que se fueron y los que se quedaron. Estas son las dos realidades que abarca a una gama de familias que habitan en el valle de Los Chillos. Luego del incremento de la actividad del volcán Cotopaxi, cientos de personas empezaron a decidir sobre su permanencia en la zona de riesgo, por la presencia de lahares, ante una probable erupción del volcán Cotopaxi.

Hubo reacciones diferentes: familias que salieron y fueron a Quito; otras que buscaron un sitio en zonas seguras del mismo valle; algunas sacaron sus pertenencias y acuden por horas a sus domicilios o negocios. Aquello trajo consigo el incremento y disminución de los arriendos en sitios seguros y en los de riesgo, respectivamente. Lo mismo ocurrió en las ventas o avalúos de los inmuebles.

Hay un tema en común: las dudas que generan entre los habitantes del valle, la efectividad o no de las medidas de prevención que se están adoptando por parte de las autoridades nacionales y locales. También se suma, el no saber la intensidad que tendrá la erupción en caso de que ocurra.

Jorge Lombeida y su familia forman parte del grupo de los que se fueron. Lo hizo porque temía por la seguridad de su esposa y de su hijo. Hace tres meses (agosto), habitaba en su casa, localizada en Playa Chica (Alangasí), a unos 80 metros de río Pita (uno de los afluentes que nacen del coloso). No sabían que estaban en zona de riesgo, por lo que adquirieron la propiedad sin inconvenientes hace 10 años. “Cuando la compramos nadie nos dijo que estábamos en peligro”.

Ahora, esta familia vive en El Batán, en el norte. Reside en una de las habitaciones de la casa de su hermano. “Nos pasamos solo con maletas de ropa. El resto de los enseres los pusimos en una bodega”.

Antes de mudarse, trató de arrendar. Quería una casa con patio para sus tres perros. Su presupuesto era de USD 500. No lo consiguió. “El arriendo de las casas en Quito o en Tumbaco está entre USD 900 y 1 500”. Tramitó un préstamo y tampoco lo concretó.

Jorge Lombeida

Jorge Lombeida vive en un cuarto de la casa de su hermano en Quito.

El precio de las viviendas en zonas de riesgo bajó. Para Jorge y su esposa, esa situación es desesperante, porque pueden perderlo todo. Antes del incremento de la actividad volcánica, el costo de su casa era de USD 300 000, hoy hablan de 200 000. “No podemos venderla porque ya consta como zona de riesgo”. Su futuro es incierto. No saben qué pasará. Su casa no está asegurada.

A raíz del proceso eruptivo hubo familias que se mudaron a otra zona del mismo valle de Los Chillos. O, también, aquellos que encargaron sus pertenencias, pero no dejaron sus viviendas. Están a la espera de un desenlace, sea cual fuere. Cristina Quimuña, que vive en Selva Alegre, es una de ellas. Ha vivido 35 años. Su casa y su local están a unos 50 metros del río Santa Clara; al igual que otros 4 300 predios. Sacó sus pertenencias de valor y las trasladó hasta la casa de su tío en la parroquia de Conocoto.

Los primeros días de la emergencia, en agosto pasado, iba a su negocio, por unas horas; pero, ahora decidió quedarse a dormir, en el segundo piso. Solo requiere de su cama. La posibilidad de que roben los equipos de su cybercafé motivó esa decisión. Otra secuela de la emergencia por el volcán es la reducción de sus ingresos. En la parte posterior de su vivienda construyó cuatro cuartos, todos estaban arrendados. Ahora, lucen vacíos. Pese a esto, Cristina tiene en claro que lo peor, si erupciona el volcán, sería que puede perder todo.

La posibilidad de lahares y el riesgo que significa alejó por un buen tiempo a moradores de Los Chillos. Alexandra López y Ana Jácome se mudaron a Quito y a zonas seguras del valle. En el caso de Alexandra buscó un departamento en la parte alta de su local, localizado en San Fernando. El sitio ideal: Albornoz. Mientras que Ana prefirió mudarse al norte de Quito, a su consultorio. Ambas volverán cuando sientan que hay seguridad al hacerlo, cuando sepan convivir con el volcán.

La emergencia y la difusión de las zonas de riesgo tuvo su efecto inmediato en arriendos y precios de los inmuebles. Para Rafael Portilla, gerente general de Plusvalía.com, los precios de venta de las propiedades en zonas de riesgo han bajado en un siete por ciento; mientras que los costos de propiedades en sitios seguros han experimentado un alza que alcanza el cinco por ciento.

Esto se debe a que la demanda (arrendatarios) deja propiedades en sectores de riesgo y busca predios en sitios seguros. Pocas personas están dispuestas a perder su inversión. Lo mismo ocurre con los arriendos de casas y departamentos.

En contexto

La preparación de la ciudadanía y las acciones de prevención deben ser los ejes principales de las autoridades en los meses próximos. El volcán continúa su proceso eruptivo y es necesario hacer una evaluación y pulir los detalles que faltan.

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