22 de junio de 2015 23:34

Las familias cambian hábitos de compra al adquirir una vivienda

Ciudad Celeste se levanta sobre la vía a Samborondón. Foto: Gabriel Proaño para El Comercio

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Evelyn Tapia

La fuerza que tomaron los créditos hipotecarios desde mediados de los noventa cambiaron un hábito fundamental en la compra de viviendas en el Ecuador. Antes, la gente ahorraba para comprar la casa en la que iba a pasar toda su vida.

“Ahora compran una vivienda que se ajusta a su situación económica actual, al tamaño de su familia, pero ya no es una compra de toda la vida, sino una compra trampolín para después venderla y conseguir una en la medida en que va creciendo su familia y su situación financiera lo permite”, dice Ernesto Gamboa, consultor del mercado inmobiliario.

Este es el caso del 75% de las 2 400 familias que viven en Ciudad Celeste, en la vía Samborondón (Guayas), las cuales han adquirido una casa por segunda ocasión.

Desde el 2009, con la aparición del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, que tiene el 70% de los hipotecarios, esa situación se acentuó aún más.
Los datos revelan que en Ecuador hay más propietarios que arrendatarios.

En el 2010, según el Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC), un 46,9% de ecuatorianos tenían vivienda propia y un 21,4%, arrendada; mientras que en la Encuesta de Condiciones de Vida realizada en el 2014, se revela que un 63,4% de la población tiene una vivienda propia. En Guayaquil un 60,6% y en Quito un 44,3%.

Pero ¿cuáles son los principales hábitos que caracterizan a los ecuatorianos que compran una casa?

Joan Proaño, gerente general de la Constructora Proaño y Proaño, coincide con Gamboa al aseverar que las familias de hoy no compran una casa para vivir por siempre y el crecimiento del sector de la construcción avala esa tesis.

Aunque el sector inmobiliario tuvo un crecimiento de 8,5% durante el último trimestre del 2014. Sin embargo, los representantes de esa rama no se animan a hacer estimaciones para este año, en el contexto de las propuestas de Ley de Herencia y Plusvalía, que “ha generado incertidumbre en el sector”, dice Jaime Rumbea, director de la Asociación de Promotores Inmobiliarios del Ecuador (Apive).

En cuanto a factores de decisión de compra, el presupuesto siempre es preponderante, pero hay otros que varían de acuerdo al estrato socioeconómico de la familia.

Los estratos medio y alto, por ejemplo, suelen buscar viviendas que estén cerca del sector financiero y de áreas comerciales, según Gamboa.

Sergio Duarte, gerente de Ciudad Celeste, en la vía Samborondón, cuenta que el principal motivador de compra es la ubicación. En este complejo urbanístico una casa puede costar hasta USD 230 000.

“La gente se decide porque quiere estar en el lugar donde está el nuevo urbanismo, el nuevo concepto de seguridad, donde puedan tener tranquilidad”, comenta Duarte.

Mientras que en los estratos socioeconómicos bajos, las vías de acceso y los sistemas de transporte público son preponderantes, porque no siempre cuentan con auto propio.

Proaño explica que el presupuesto está directamente ligado con la ubicación de la vivienda; de ahí que, por ejemplo, una familia de nivel medio alto puede decidir entre adquirir un departamento pequeño en el hipercentro de Quito, o una casa grande en la periferia de la ciudad, con el mismo presupuesto. Para un nivel más bajo, en contraste, “las opciones están en el sur, en el valle de Los Chillos y en el de Pomasqui, cerca del sector de la Mitad del Mundo”, añade.

En Guayaquil, las clases menos acomodadas también tienen opciones de nuevos proyectos en las periferias, en la Vía a Daule, sobre todo.

Un factor que no se limita a un determinado estrato social es la seguridad. Las familias ecuatorianas de esta generación están más interesadas en vivir en ambientes seguros, no solo rodeados de muros, sino por gente igual a ellos, por lo que demandan vivienda en complejos habitacionales cerrados, dice Gamboa.

Finalmente, según el tipo de vivienda, el INEC revela que el 57% de las familias en Guayaquil vive en villas o casas y un 31% en departamentos, mientras que en Quito, el 54,9% vive en departamentos y el 36,4% en casas.

La diferencia radica en la topografía accidentada que tiene la capital frente a las extensiones amplias de valles que tiene el Puerto Principal, por una parte, pero también por la idiosincrasia del guayaquileño, que es más extrovertido y es abierto a buscar espacios para compartir.

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