16 de November de 2009 00:00

La vida indemnizada: de la comodidad a la recesión

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Por Mary PilonSilver Spring, Maryland, EE.UU.

Paul Joegriner lleva sin trabajo desde marzo de 2008, cuando fue despedido como presidente ejecutivo de un pequeño banco, donde ganaba unos US$200.000 al año (en Estados Unidos, los salarios se dan en bruto). Pero nadie lo diría por las apariencias.

Cada mañana, su esposa, Marzena, lleva a sus dos hijos pequeños a una escuela privada. La familia recientemente se fue de vacaciones a la playa y no escatima en cenas caras. Desde que perdió su empleo, Joegriner, de 44 años, ha recibido varias ofertas pero las ha rechazado todas, con la esperanza de conseguir un cargo comparable al que tenía antes.

El estilo de vida de la familia en el último año y medio se ha visto apuntalado por el paquete de indemnización por despido de US$200.000 que recibió Joegriner y otros US$100.000 que la pareja tenía en ahorros. Pero los fondos están desapareciendo rápidamente. Según los cálculos de Joegriner, podrían quedarse  sin dinero en seis meses si no encuentra trabajo.

“Será el Día D”, dice. “Pero por la imagen que proyectamos, nadie diría que estamos en problemas”.

Joegriner forma parte de lo que podría denominarse “la economía de las indemnizaciones por despido”, integrada por estadounidenses desempleados que usan sus pagos por despido y sus ahorros para mantener su tren de vida. Muchos perdieron sus empleos entre 2007 y 2008 pero estaban convencidos de que pronto encontrarían otro trabajo. Ahora, están desesperados.

Recientemente, legisladores estadounidenses aprobaron una ley que amplía los beneficios de desempleo por otras 20 semanas. Las cifras indicaban que, para fines de año, alrededor de 1,3 millones de personas se quedarían sin beneficios dedesempleo (que normalmente duran 26 semanas), según el Proyecto Nacional de la Ley del Empleo de EE.UU.

Todo esto sucede en momentos en que la tasa de desempleo de largo plazo alcanza su máximo histórico en EE.UU. Más de un tercio de las personas desempleadas llevan más de seis meses buscando trabajo.

En términos generales, las compañías han eliminado o reducido los paquetes de indemnización por despido. Para aquellos que sí reciben una indemnización, la paga mediana es de 12,5 semanas de sueldo, en comparación con las 21,8 semanas de hace una década, según la firma de recolocación laboral Challenger, Gray & Christmas.
Red de seguridad

A los afectados a menudo les suele costar aceptar su nueva realidad. Los grandes paquetes de despido, aunque tienen por objetivo actuar como una red de seguridad, pueden causar una falsa sensación de seguridad. Algunas personas siguen gastando igual que antes.

“Hay una fecha límite en que esa indemnización por despido va a acabarse”, dice Ellen Turf, presidenta ejecutiva de la Asociación Nacional de Asesores Personales de Finanzas.
“En ese momento, su único salvavidas son las ayudas por desempleo o conseguir otro trabajo…es una situación terrible”.

Cuando Michelle Patterson fue despedida en enero como directora ejecutiva de marketing en una editorial, pensó que podría subsistir cómodamente con los US$20.000 que tenía entre sus ahorros y la compensación por despido. Siguió yendo a restaurantes de manera regular y visitaba diariamente la cafetería Starbucks.

“Me hacía sentir como si todavía estuviera en el trabajo”, dice la residente de Newark, Nueva Jersey, de 41 años. Gastaba hasta US$250 a la semana en comidas y tragos para mantenerse al día con su red de contactos. También gastaba unos US$30 al mes en manicuras y US$150 en peluquería.

El momento de la verdad llegó en agosto, cuando examinó sus finanzas. Su departamento llevaba seis meses en venta y no había recibido ni una sola oferta. Sus ahorros y el paquete de despido casi se habían agotado.

No le quedó otra alternativa que reducir sus gastos. Ahora ya no come fuera, no va a la peluquería y ha reducido sus visitas a Starbucks a una vez por semana.
Patterson a veces desearía haber reducido sus gastos antes. Pero el dinero invertido en socializar, dice, la ha “ayudado a mantener la cordura”. Como muchos desempleados de largo plazo, visita sitios de ofertas laborales como Monster.com y manda currículos “en serie. Aun así, sólo da “con callejones sin salida”, dice.

Aceptar la nueva realidad laboral no ha sido fácil. El antiguo sueldo de Patterson era de US$140.000 al año. Ahora se conformaría con conseguir un empleo que pagara la mitad. Hace poco rechazó una oferta que pagaba unos US$250 a la semana, o US$13.000 al año, vendiendo software educativo.

Volver a encontrar el trabajo deseado puede resultar muy difícil. Joegriner estuvo a punto de aceptar una oferta de empleo en una pequeña ciudad del estado de Wyoming, como presidente ejecutivo de una empresa de créditos. El salario era US$60.000 menos al año que el de su puesto anterior y debía trasladar a toda su familia desde la ciudad de Washington. Con todo, parecía dispuesto a seguir adelante. Sin embargo, empezaron a asaltarle las dudas: “¿qué pasa si vamos hasta allí y me despiden?” Tras negociaciones infructuosas, decidió rechazar el empleo. El motivo principal es que el puesto no incluía una garantía de indemnización. “Simplemente no podía arriesgarme”, dice Joegriner.

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