29 de December de 2009 00:00

Un vía crucis

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Alexandra Kennedy Troya

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Recuerdo de pequeña los papeleos por los que atravesaba mi madre en el IESS, el Registro Civil o cualquier otra entidad pública.  Tomada de su mano subíamos y bajábamos de un piso a  otro, un laberinto que agotaba.  Trámites que se debían hacer en tiempos prudentes demoraban días.  No comprendí, entonces, por qué en casa se decía que la corrupción iba de la mano de la desinformación; a pesar de ello, también escuché decir que jamás se debía coimar. 
En muchas oficinas, salvo aquellas que como el SRI necesitan de nosotros los usuarios para sobrevivir, se repite la historia.  Han pasado más de 40 años de mis recuerdos de infancia.

Decenas perdemos los documentos, la mayoría porque nos los roban. Y encima de ser atracados, un nuevo castigo, recuperar los documentos que nos exigen portar las instancias oficiales.  Empieza el vía crucis, el peor de todos, el recuperar la licencia de conducir.  He realizado el trámite en 4 mañanas, aproximadamente 11 horas dedicada a ello, en compañía de otra persona que ayudaba a fotocopiar documentos, averiguar la oficina que seguía, tomar turno. 

Sin ayuda calcule usted un par de horas adicionales.  Una mañana para la denuncia en la Policía Judicial, otra en los juzgados de tránsito y la notaría de mi elección, las que siguen en la Dirección Nacional de Tránsito, un lugar literalmente kafkiano, sin un solo punto de información.  Si la licencia fue sacada en otra provincia, la cosa tarda más, dos días hábiles para la búsqueda de las fichas en archivo. Aumenta el costo del trámite para el usuario atracado o no y de fuera; se debe considerar hospedaje, movilización, alimentación.

Lo más increíble es que la misma Jefatura duda de sí misma ya que a cuenta y riesgo de uno y bajo un cobro adicional, no solo que exige copia de la ficha de la licencia sino adicionalmente una certificación de que ésta es real porque, según me informó un funcionario, había habido una enorme cantidad de licencias expedidas ilegalmente. En esta segunda solicitud es cuando la información recién ingresa a ser digitalizada.  Es increíble que a estas alturas del partido la Dirección de Tránsito no tenga todo el archivo digitalizado, cobros unificados, información clara sobre los procedimientos y agilidad en el proceso. 

Llego a divisar una pancarta que dice algo así como “tratamos bien al ciudadano”, bajo una rampa para que accedan los minusválidos.  No he visto  a nadie en silla de ruedas durante mi periplo.  Los demás, todos, somos ciudadanos de segunda a los que nos tentaría, si fuese posible, contratar un “tramitador” y salir de este túnel oscuro lleno de confusiones, información incorrecta, humillante. 

Se confirma una vez más que este laberíntico mundo público cuajado de desinformación no hace sino inducirnos a  ser corruptos.  ¿Es esta la herencia que seguiremos dejando a las generaciones que vienen?

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