15 de febrero de 2017 00:00

Las ventas informales se filtran en el Centro Histórico de Quito

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Patricia Carolina González

Faltan pocos minutos para que se inicie el cambio de guardia en el Palacio de Carondelet. La Plaza de la Independencia está custodiada por funcionarios de la Policía Nacional y de la Policía Metropolitana. Como todos los lunes, la ceremonia atrae a muchas personas y, entre la multitud, deambulan los comerciantes autónomos, con sus pomadas, sombrillas, helados y una gran variedad de productos.

Para quienes visitan el Centro Histórico con regularidad, los comerciantes autónomos son parte del paisaje urbano. En su mayoría son personas mayores de 50 años, que por la falta de plazas de trabajo recurren a vender en las calles. La situación afecta tanto a nacionales como a extranjeros. 

La Ordenanza Metropolitana Nº 280 prohíbe el otorgamiento de permisos a comerciantes autónomos en el Centro Histórico por ser Patrimonio Cultural de la Humanidad. Pero, en la práctica, sigue siendo un lugar atractivo para vendedores ambulantes, aunque no cuenten con permiso.

A los comerciantes informales se los encuentra desde la salida de la estación Marín Central de la Ecovía. Se agrupan en la calle Chile, en la García Moreno (desde el antiguo Banco Central hacia el sur) y en la Rocafuerte.

Marina Montoya se ubica en La Marín. En enero del 2010, esta colombiana de 66 años dejó su hogar en el Departamento del Cauca, contra su voluntad, por exigencia de la guerrilla de ese país.
Los primeros años en Quito ejerció su oficio de costurera. Pero se quedó sin empleo, tras una dolencia en la mano, que requirió operación: “Me tocó salirme del trabajo porque nunca me aseguraron ni me pagaron el salario básico. Cuando volví no me dieron trabajo. Creen que uno ya no sabe trabajar por vieja”.

Desde hace tres años vende zarcillos, cintillos y escarpines en La Marín. “Los municipales (Policía Metropolitana) molestan mucho, como uno no tiene permiso le corretean. Si le pueden quitar las cosas a uno, se las quitan. No he podido sacar permiso porque no dan”, señala Montoya.

La calle Venezuela es una de las más recurrentes para las ventas informales en Quito.

La calle Venezuela es una de las más recurrentes para las ventas informales en Quito.

En el 2015, la Administración Zonal Manuela Sáenz entregó 1 020 permisos, que están en proceso de renovación a trabajadores del Centro. Solo se otorgaron a comerciantes fijos y semifijos, que llevaban muchos años en el Centro y son considerados “históricos”.

Luis Montalvo, coordinador distrital de Comercio, atribuye la problemática de la venta informal en el Centro a la “crisis económica que vive el país y a la falta de fuentes de trabajo”. No obstante, aclara que no se ha replicado lo ocurrido años atrás, cuando el Centro Histórico estaba tomado por las ventas ambulantes.

Para evitar la saturación de vendedores en las aceras, el Municipio desarrolló una herramienta tecnológica que determina una asignación de cupos máximo para comerciantes autónomos fijos y semifijos en un área geográfica determinada, pero no para ambulantes, lo cual se verifica de acuerdo al ancho de las veredas.

La herramienta ya está en aplicación, según Jacobo Herdoíza, secretario de Territorio y Hábitat, quien coincide con Montalvo sobre el origen de este problema: la crisis económica. “Lo que ha sucedido en esta época de recesión es un crecimiento masivo de comerciantes autónomos en las calles”, finaliza Herdoíza.

La calle Chile es un lugar recurrente para el comercio informal. A la entrada, los productos que más se comercializan son los cigarrillos, accesorios de teléfono, sombrillas, papel higiénico y comida, especialmente venezolana.

Víctor Burbano (54 años) era ejecutivo de ventas en una empresa ferretera. La compañía cerró y se quedó sin empleo. Hace dos años comenzó a vender por el Centro. Hoy oferta cigarrillos en la Chile.

A Burbano no le han decomisado su mercancía: “Los policías nos dicen que caminemos y lo hacemos para no tener inconvenientes”.

Los operativos de control del espacio público realizan la Agencia Metropolitana de Control, con apoyo de la Policía Metropolitana.
Otras calles aledañas a la Plaza Grande son foco de ventas informales. En la García Moreno suelen encontrarse comerciantes de frutas. Más al sur, en la Rocafuerte, son numerosas las ventas de hortalizas y frutas: hasta 16 vendedores se hallan en dos cuadras.

Efraín Ortega
vende café colombiano a la entrada del Pasaje Espejo. “El Gobierno nos ha dejado sin trabajo. En vista de eso somos maltratados. Tengo 71 años y ando vendiendo café en el Centro para poder vivir. Tengo problemas con la Policía Metropolitana que no respeta a los de la tercera edad que trabajan. Me gustaría sujetarme a las leyes o pagar un impuesto”, comenta Ortega, quien antes se desempeñó como chofer profesional, pero asegura que a su edad nadie le da un carro para trabajar.

En contexto

Los comerciantes autónomos ambulantes se encuentran ubicados en calles estratégicas del Centro Histórico como la Chile, la García Moreno y la Rocafuerte. La Ordenanza Nº 280 prohíbe el comercio autónomo en estas zonas patrimoniales.

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