8 de February de 2010 00:00

La venta informal de combustibles en la frontera norte no se detiene

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Redacción Tulcán

El olor a gasolina no  incomoda a Blanca N.,  ni a sus dos hijos.  La mujer de contextura gruesa se protege con un paraguas  de la lluvia.

Un banco de madera colocado al filo de la vereda de la vía al Aeropuerto de Ipiales (en Colombia) es su sitio de trabajo. En esta carretera  un centenar de familias del barrio San Carlos y Punes se dedican a la venta del  combustible y GLP ecuatoriano.

1 222 cilindros
decomisó la Dirección de Hidrocarburos, en 2008. En 2009 fueron 1 036 cilindros.

Los comerciantes colombianos exhiben las canecas en la vía y en las casas hacen modificaciones.

Quienes tienen dinero construyen rampas para facilitar la movilización de los carros que les proveen del combustible. Los  patios se convierten en  bodegas y se improvisan instalaciones con bomba de succión, que se conectan a tubos  que están bajo tierra.

Algo parecido ocurre en Tulcán.  Autos y camiones  con placas ecuatorianas se estacionan  al costado de  las  casas en  Ipiales para descargar. Cada comerciante tiene su ‘distribuidor’ fijo.  “No hay fuentes de empleo y apenas se gana USD 10 diarios”, dice  un ama de casa, madre de cinco hijos.  Ella compra 15 galones diarios de gasolina ecuatoriana y dos cilindros de gas al mes.

En otra vía que conduce a Las Lajas y a El Charco está Manuel C., junto con su esposa  y su hijo. Los tres están en el parterre de la vía principal. Al frente están los ‘grandes’, expresa.

Él se refiere a los comerciantes que revenden el combustible en  tambores de  55 galones  y tienen sus propios vehículos con placas ecuatorianas.

Sus clientes son dueños de  tractomulas,  taxis y  autos particulares. Cada galón  de gasolina extra se vende en  USD 2,50 y el diésel en  USD 2.  Este costo   varía por la carga y las distancias que recorren los mulares.

En  Carlosama, por el sector de  Río Carchi, hay 20 minutos de recorrido. Ahí el galón de gasolina está en USD 13 y un tanque de gas en USD 15. Antes por este sector se movilizaban  a diario 700 tanques de gas ecuatoriano de 15 kilos. Una campaña que emprendió la Dirección de Hidrocarburos en Colombia redujo la venta ilícita a 400. Ellos cambiaron los cilindros de gas ecuatoriano por los colombianos y a las amas de casa les obsequiaron las válvulas. El costo del cilindro colombiano bajó de USD  13.

En  2008 en Carchi se emprendió el Plan de Soberanía Energética para frenar el contrabando de combustible pero, a pesar de esta medida, el tráfico no se detiene. En los dos últimos años en El Brinco, La Rinconada,  tras el  Coliseo 19 de Noviembre, Cuatro Esquinas,  Río Carchi…   se abrieron nuevas trochas.

Ahí, los negociantes entierran los tambores de combustible y esperan los  pedidos de Colombia. Para el traslado usan los mulares  y acomodan las canecas  y los tanques de gas y pasan al otro lado.

Si hay policías o militares les toca ‘cuadrar’,  según denuncias. Los negociantes han llegado a pagar entre USD 10 y  USD 100, según la cantidad   que quiera pasar hacia Colombia.  Estos supuestos sobornos a los uniformados ecuatorianos son negados  por los comandantes provinciales.  

Pero la venta ilegal  de combustible tiene un acuerdo previo con dueños de estaciones   en Tulcán.

En 2009 tres gasolineras fueron clausuradas  por una supuesta comercialización ilícita. El ex intendente Ernesto Flores ordenó el cierre, pero los dueños se defendieron y negaron la acusación.

En los camiones autorizados para la transportación de carga  por Rumichaca también se aprovecha para llevar combustible. En los cajones de madera se esconden los galones   y se  camuflan  cilindros de gas.

Otra de las modalidades que en los últimos dos años tiene un repunte es la compra  de camiones Ford 350 y autos vetustos con  placas  de Pichincha,  Tungurahua y Chimborazo. Los negociantes de ambos países les modifican los tanques del combustible.  Cada carro puede almacenar entre 150 galones y  500 dependiendo del cambio del tanque.

Javier Jiménez, dueño de la estación de gasolina Villarreal y presidente de los distribuidores de combustible de Carchi e Imbabura, comentó  que cada propietario es responsable del manejo de las estaciones de servicio.

“Las autoridades de control tienen que hacer su trabajo y no responsabilizarnos de la fuga del combustible”.   

De las nueve estaciones, seis  reciben 100 000 galones mensualmente. Las restantese entre 140000 y 180  000. Según Villarreal, es suficiente para Tulcán.   

Cecilia Valencia, titular de los negociantes informales de combustible, dice que la Policía de Tránsito debe investigar estas presuntas irregularidades. Comentó que la represión de la Policía en el último operativo de la semana anterior donde una joven resultó quemada,  debe esclarecerse.

De su parte, Jorge Mejía, jefe del Comando de la Policía,  afirma que hay mafias dedicadas al tráfico de combustibles y que hay negociantes que ya están identificados. Advirtió que junto a la Unidad de Delitos  de Hidrocarburos de la Policía se hará allanamientos para detener a los ‘cabecillas’ de este ilícito negocio.

Un proyecto en marcha

En Tulcán se inició   un proyecto piloto para disminuir el contrabando de gas hacia Colombia.

El proyecto está  en marcha y consiste en comprar gas a través de tarjetas y canjear en tiques el  cupo asignado de cilindros en cajeros automáticos.  Este plan se lo ampliará a otros cantones de la provincia. 
 
Entre Ipiales y Tulcán  hay unos tres mil negociantes. En Carchi se prepara un sistema automatizado para la venta de combustible, según comentó el actual gobernador de Carchi, Efrén Benavides. 

El costo de la  gasolina de Colombia esta en USD 3,40 y el diésel en USD 2,90. La gasolina extra en Colombia se vende en USD  2,50 y el diésel en  USD 2. Según la Policía Judicial de Carchi, en 2008 y 2009 se incautarion 10 374 galones de gasolina y 14 209 de diésel, en el mismo período.

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