3 de December de 2014 22:03

‘Venezuela es un Estado mafioso’, dice María Corina Machado

A la líder opositora María Corina Machado le quitaron este año su investidura de diputada en Venezuela. Foto: AFP

A la líder opositora María Corina Machado le quitaron este año su investidura de diputada en Venezuela. Foto: AFP

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Diario El Tiempo de Colombia
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Valentina Lares Martiz
Corresponsal en Caracas, El Tiempo de Colombia, GDA

La dirigente política María Corina Machado acudió ayer a la Fiscalía venezolana, citada en condición de imputada por su supuesta participación en un intento de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro. Ahí el Ministerio Público la acusó de “conspiración”.

Unos correos electrónicos, atribuidos a ella y a otras personalidades venezolanas (todas con orden de captura y actualmente fuera del país), son la prueba del Gobierno, que la sigue acusando a pesar de que Google desmintió la autenticidad de los e-mails.

Machado, líder del partido Vente Venezuela y promotora de un movimiento llamado Congreso Ciudadano, podría ser castigada con cárcel de 8 a 16 años. Machado habló con diario El Tiempo.

Venezuela atraviesa un escenario cada vez más difícil en lo económico y social, con una percepción sobre la situación que se deteriora cada día. ¿Cree que el Gobierno se juegue su detención para distraer la atención?


La persecución no es una distracción, es una política de Estado. La cárcel de los sindicalistas, de Leopoldo López, de los alcaldes, los tuiteros o de activistas de derechos humanos es una evidencia de desesperación porque el país avanza aceleradamente hacia el colapso. El caos ya existe, acaba de haber una masacre, con 41 presos muertos en Uribana, y no hay una sola respuesta, por ejemplo, ni sobre la escasez o sobre la situación de los hospitales. El Gobierno cree que con la persecución puede acallar y hacernos claudicar.

¿Qué cree, entonces, que va a pasar el este miércoles?


Yo estoy muy consciente de la situación de la justicia en Venezuela. Esta semana se publicó un estudio de 45.000 sentencias y la conclusión es que ni siquiera una favorece a un particular frente al Estado, o sea que no hay dudas sobre la sumisión del Poder Judicial al Gobierno. Yo no me engaño, pero en mi caso es un tema de responsabilidad. ¿Cuál es la opción a esta hora? ¿Callar, huir? La única opción es luchar, sobre todo ahora que estamos tan cerca. Por eso voy a la Fiscalía, el Gobierno está en su punto de mayor debilidad.

¿De qué estamos cerca? El consenso generalizado es que la salida debe ser electoral y no de otro tipo.


Y esa es la salida que estamos impulsando, pero las elecciones no se dan solamente cuando al régimen le dé la gana. Si uno denuncia que hay violación de los derechos humanos, de la libertad de expresión, desconocimiento de la propiedad, ausencia de Estado de derecho, la conclusión es que hay una dictadura. ¿Y cómo se combate? Los demócratas lo hacemos utilizando las formas de lucha democráticas contempladas en la Constitución, incluyendo las elecciones. Hacerle entender a Maduro que la mejor salida para todos, y para ellos, es que comencemos una transición a través de elecciones después de su renuncia, porque él es el caos.

Personalmente, ¿cómo maneja la posibilidad de enfrentar la cárcel con este Poder Judicial?


Yo no visualizo que voy presa, nadie puede hacerlo. En lo personal, lo más duro es hablar esto con mis hijos, con mis padres y con la gente a la que le duele esa posibilidad, y a todos les repito: aquí no hay delito, todo el mundo lo sabe. El Gobierno lo sabe. No tienen pruebas de nada. Tratan, al mejor estilo cubano, de buscar castigos ejemplarizantes para disuadir, pero en la Venezuela de hoy, con lo que hemos sufrido y aprendido, un ataque así lo que hace es potenciar la voz.

¿Siente miedo de quedar detenida?


Más miedo me da pensar que Venezuela pueda seguir en esta dirección, me da terror y nos debe dar terror a todos. Cada día se siente la destrucción del país, cada día asesinan a 50 venezolanos. Leemos cosas como que un bebé falleció dormido en su casa porque lo mató una bala perdida, ¿entonces de qué estamos hablando? De colectivos que desafían a la Fuerza Armada, de la presencia de narcotráfico y crimen organizado en el corazón de Venezuela. Por eso hago un llamado, no solo a los ciudadanos venezolanos, sino a los gobiernos y jefes de Estado: Venezuela está avanzando más allá de un Estado fallido, es hoy un Estado mafioso.

Usted tiene historia de trabajo social con la organización que creó para atender a niños de la calle y con Súmate, pero ¿cuándo decidió entregarse a la política de este modo?


Casualmente hablaba de eso con mi papá. Pienso que mi abuela fue la que sembró en mí este amor y responsabilidad hacia Venezuela; nieta de Eduardo Blanco, autor de un libro que se llamó Venezuela heroica, yo crecí muy consentida por ella y sus historias. Ella me hizo sentir esa responsabilidad enorme, pero como una semilla. Yo soy de una generación que creció rechazando la política, y lo último que pensaba es que me dedicaría a ella. De hecho, estudié ingeniería, finanzas corporativas, pero sí hubo un hito que cambió mi planificación y fue cuando iba a dar a luz a mi primer bebé.

Visité el Instituto Nacional del Menor y fue indescriptible. No sé si era porque estaba embarazada y uno se pone sensible, pero ver niños abandonados encerrados junto con otros que habían cometido crímenes, en un ambiente degradante, de un olor indescriptible, eso cambió mi perspectiva. Llegué a mi casa, llamé a mi jefe y renuncié.

¿Cómo ha sido la reacción de su familia cuando la dedicación a la política empezó a tomar más tiempo y riesgos?


Yo le doy gracias a Dios por mis hijos y por cómo mi mamá y mis hermanas han sido también mamás de mis hijos en los momentos duros, que han sido muchos. Sé que mi mamá se ha tragado lágrimas para consolar a mis hijos cuando no he estado y eso es algo que uno no se perdona nunca. Ha habido momentos con cada uno de ellos, pero recuerdo, en el 2005, cuando trabajaba en la fundación Atenea, que nos amenazaron con detenernos en Barinas.

Supe que tuvieron que atender a mi hijo, que lloraba en el colegio porque otros niños le dijeron que me iban a meter presa. Yo me quería morir, creí que había aislado a mis hijos escondiéndolos de las noticias, pero después de eso me comprometí a contarles todo. Años después tuve que mandarlos a dormir en casa de sus abuelos porque había peligro de que allanaran la casa. Cuando me fracturaron la cara, mi hija se convirtió en mi enfermera; mi hijo menor, Enrique, estaba furioso, pero convertimos su rabia en compasión. Ha sido duro para todos, pero estamos juntos y sólidos como familia.

¿Qué otras cosas ha debido cambiar en su vida para asumir esta posición política?


Yo me niego a cambiar mi vida. Cuando me grabaron la conversación con el profesor (Germán) Carrera Damas (charla privada en la que ella se queja del Gobierno en términos coloquiales y duros) y la publicaron por la televisión estatal toda cortada y editada, cuando llegué ese día mi hijo me empezó a hablar bajito, como escondido, temeroso. Le pedí que más nunca lo hiciera, yo lo crié como un ciudadano libre y eso no puede cambiar. Jorge Rodríguez (actual alcalde del municipio Libertador, de Caracas) un día publicó en las redes sociales mi número de celular y al día siguiente tuve 1.750 llamadas de amenazas. El teléfono se descargaba cada hora y media y lo volvía a cargar. Todo el mundo me decía “pero cambia el número”, y no, no lo cambié. Tengo 30 años con ese número y no lo cambié. Recibí amenazas de muerte contra mí, contra mis hijos, pero las batallas empiezan en el espacio más íntimo.

¿Qué caminos reales tiene la oposición para tener una lucha exitosa con una institucionalidad tan débil?


Las luchas que se han ganado en el mundo son aquellas en las que la gente se ha dado cuenta de la fuerza de su voz. La democracia está profundamente arraigada en el espíritu de los venezolanos. Más del 80 por ciento de nosotros dice que el tiempo de Maduro se acabó, no solo por los huecos en las calles o por la inflación, sino porque tenemos una nueva conciencia de la dignidad, sobre todo ante el enorme cinismo con que responde el Gobierno a los problemas.

El 14 de abril tuvimos una victoria electoral, pero no logramos la victoria política porque funciona al revés, por eso es tan urgente movilizarnos, denunciar. A mí me persiguen no solo porque pido la renuncia de Maduro, sino porque estamos avanzando en la organización ciudadana. Hemos fortalecido una estructura nacional que vincula liderazgos políticos con los sociales. Hay mucha valentía y claridad en lo que tenemos que hacer.

También se percibe resignación. En las filas para comprar comida es muy poca la gente que se queja, parecen aceptarlo como una forma de vida.


Ese es el mayor riesgo de todos y lo que el régimen busca intencionalmente. Una de las cosas que más apagan a la gente es cuando no tiene referentes de lucha y por eso la censura mediática que vivimos es tan perversa, porque hace sentir al ciudadano que está solo y no tiene opción. Por eso es tan importante que se sepa la verdad, y la verdad es que en Venezuela hay protestas todos los días, en todos los rincones. La verdad es que somos una mayoría enorme, y no tengo dudas de que el cambio va a ocurrir en Venezuela. Esta persecución es señal de debilidad, no de fortaleza.

Dice que cada vez que disminuye la atención internacional aumenta la represión.


No hay relación más importante para Venezuela que la que tiene con Colombia, porque, así como fue en el pasado, el futuro es el mismo. No puede haber paz sostenible en Colombia si no hay democracia sostenible en Venezuela; y mientras existe un régimen que ampara el narcotráfico, la guerrilla y el paramilitarismo en Venezuela, la paz en Colombia tampoco será sostenible. No hay gobierno democrático en el mundo que tenga mejor información de lo que hace el régimen venezolano que el gobierno colombiano. Por eso, en esta hora mi mensaje es a los ciudadanos, a que nos acompañen en esta lucha.

Con lo que Maduro ha demostrado que es, la indiferencia por lo que aquí ocurre y lo que vivimos solo puede ser calificada como complicidad.

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