25 de December de 2009 00:00

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Juan Esteban Guarderas *

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Las bandas estáticas de color que uno mira al sintonizar en el televisor la señal de Teleamazonas es muestra del clímax  de intolerancia y opresión en el Ecuador.

Había muchos incrédulos que dudaban que en nuestro país se llegase al extremo de clausurar un medio, que las impropias humillaciones de “cloaca con antenas” no eran sino meramente parte de un discurso político.

Pero esto no es una sorpresa para quienes estábamos conscientes de la vehemencia con la que este Régimen persigue a toda institución o individuo que no esté de acuerdo con su política.

En agosto, el Presidente pidió la clausura de Teleamazonas “brinque quien brinque, llore quien llore”;  pues bien, precisamente la imposición de la voluntad sin importar el albedrío del resto de individuos es precisamente el rasgo distintivo de los regímenes autoritarios. ¿Luego el Presidente se burla de quien lo califica de monarca o dictador?
La prensa, al cuestionar al oficialismo, echó su suerte, y marcó sus días más amargos, puesto que en el país no se puede cuestionar, so pena de una persecución que ahora vemos está preparada para ir hasta las últimas consecuencias.

 Lo grave es que el Régimen está subestimando la importancia de la libertad de expresión. Esta no solamente es un elemento fundamental para el desarrollo intelectual de los individuos. Sino que además es un elemento esencial para la democracia y para el orden.

Por un lado permite el diálogo civil y el debate, que son mecanismos inherentes a la democracia, puesto que este sistema implica, ante todo, la toma de decisiones consensuadas.
La democracia es el gobierno de toda la sociedad y esto es solamente posible si hay un diálogo nacional, de allí la importancia de los medios de comunicación.

Por otro lado, la libertad de expresión permite evacuar las tensiones en la sociedad. Una sociedad sin libertad de expresión es una bomba de tiempo, en donde las frustraciones y las inquietudes se condensan y se cocinan en el silencio.

El orden en una nación es temporal cuando la sociedad se enardece en la olla de presión del mutismo.

Sin duda alguna, el Gobierno está dispuesto a todo para conseguir sus objetivos, eso lo podíamos percibir desde hace tiempo. Pero es difícil imaginarse que los peores escenarios llegarán.

Ahora la imagen de esas bandas de color estáticas es una de las emisiones más alarmantes que se ha visto en ese canal.
Es más inquietante que una película de terror o un documental sobre los piratas somalíes; nos recuerda que las realidades más amargas no están presentes en la sola ficción. Pueden llegar.

La clausura de Teleamazonas es espeluznante, verdaderamente espeluznante.

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